Opinión

Del por qué luego nadie les cree

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Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía (Sener)[Cuartoscuro/Archivo]

Hace menos de diez meses, el 30 de abril pasado, al hacer una presentación del paquete de iniciativas de la legislación secundaria en materia energética, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, dijo que uno de los cinco principios rectores de esa reforma era la transparencia.

Así lo explicó: “El cuarto (principio) es el énfasis en la transparencia y la rendición de cuentas, a lo largo de todo el proceso de adjudicación y administración de los contratos inherentes a las actividades extractivas de hidrocarburos”.

Coldwell abundó: “en materia de contratos se aplicarán cinco reglas de transparencia: 1) todas las rondas licitatorias de los contratos serán públicas y transmitidas en tiempo real, a través de internet; 2) los contratos contendrán cláusulas de transparencia para que puedan ser consultados por cualquier interesado; (…) y 5) por otra parte, habrá pesos y contrapesos entre cuatro instancias del Estado para asegurar la transparencia y la rendición de cuentas, evitando que decisiones discrecionales se concentren en una sola autoridad”. (Ver el documento)

Este compromiso gubernamental, formulado hace tan poco pero que parece tan lejano debido a la crisis en la que se encuentra ahora el gobierno, contrasta de principio a fin con lo dado a conocer este martes por la reportera Sandra Rodríguez Nieto.

En el portal sinembargo.mx, la periodista chihuahuense reveló ayer que la “Secretaría de Energía clasificó como información reservada por cinco años los nombres de las primeras empresas privadas que han solicitado contratos, asignaciones, licencias o permisos para actividades relacionadas con la exploración y extracción de hidrocarburos previstas por la reforma energética”.

Lo único que respondió la Sener a la petición de Rodríguez Nieto fue que “en diciembre recibió nueve solicitudes de Petróleos Mexicanos para ‘migrar sus asignaciones’ a ‘contratos para la exploración y extracción’, más otras 322 solicitudes por parte de empresas mineras que buscan permisos para la exploración y extracción de gas natural asociado al carbón mineral”. Fuera de eso, nada de nada.

El compromiso gubernamental ha quedado en total entredicho. Y no se vale que ahora salgan con que sí habrá transparencia pero no en todas las etapas o no en todos los procesos. El compromiso fue claro: transparencia a lo largo de todo el proceso de adjudicación y administración de los contratos inherentes.

Pero no estamos, por desgracia, ante un caso aislado.
Este gobierno, que ahora reconoce que “México está infestado de incredulidad y desconfianza” (Enrique Peña Nieto en entrevista con el Financial Times), se tropieza una y otra vez consigo mismo.

Mientras enuncian grandes intenciones, sus actos provocan decepciones. Tras Iguala y la 'casa blanca', el presidente prometió reforzar la rendición de cuentas. La realidad nos trajo, en diciembre, un fallido intento de colar en la Cámara de Diputados una ley chimuela para un sistema anticorrupción; y en estos días los expertos alertan sobre intentos de regresión en transparencia, patrocinados por el PRI.

Este gobierno parece incapaz de comprender que incluso un éxito innegable y notable como la detención de Servando Gómez La Tuta, habría sido mejor valorado si el secretario de Gobernación no llevara semanas tratando de convencer de que en seguridad estamos mejor que nunca en diez años.

Recuperar la confianza cuesta mucho, pero es casi imposible lograr eso si se promete lo que no se cumplirá. Como en los contratos petroleros. Que luego nadie se sorprenda de tanta incredulidad y desconfianza.

Twitter: @SalCamarena

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