Opinión

Economía, sociedad e incentivos

Federico Rubli Kaiser *

Típicamente pensamos que estudiar la reacción del comportamiento humano en respuesta a diversos estímulos corresponde al ámbito de la psicología. Más aún, cuando este comportamiento afecta componentes sociales, tendemos a pensar que son la psicología social, la sociología y la antropología las disciplinas que se encargan de descifrar estos fenómenos de causa-efecto. Pero definitivamente la economía también tiene mucho que decir al respecto. Al estudiar al comportamiento humano, precisa cómo reacciona éste cuando se le presentan diferentes estímulos y a partir de esas reacciones trata de predecir comportamientos futuros para cuando se presenten circunstancias similares. Podemos decir que la economía determina la reacción del hombre –y la sociedad- a diversos incentivos que se le presentan.

¿Qué son los incentivos y cómo se determinan? Un incentivo puede definirse como una condición o circunstancia que favorece o motiva un comportamiento racional en una dirección determinada. Los incentivos pueden estar determinados exógenamente o bien de manera endógena.

Los más fáciles de identificar son los exógenos. Abundan en la vida cotidiana. Por ejemplo un clima caluroso es un incentivo para vestir ropa ligera.Los endógenos o inducidos son más complejos. Se refieren a que se pueden crear las condiciones que puedan hacer que el comportamiento vaya en cierto sentido. Las externalidades son un buen ejemplo: si se es un no fumador, la prohibición explícita de esa acción en restaurantes y bares es un incentivo para frecuentar más esos lugares: la externalidad positiva “libre de humo” motiva ese comportamiento. Ello muestra que los incentivos pueden darse a través de regulaciones, leyes, reglas y normas. Si los costos sociales de ciertas actividades económicas son muy elevados, regulaciones apropiadas pueden crear los incentivos para disminuirlos. Al mismo tiempo, un castigo severo a la violación de esas regulaciones o leyes puede ser disuasivo e incentivar su cumplimiento.

Se desprende que el diseño de políticas públicas no es otra cosa más que la creación de un esquema o conjunto de incentivos. Entonces, una estructura coherente de políticas públicas es una alineación correcta de incentivos dirigidos al fin común del bienestar social.

Un ejemplo de creación de incentivos a través de políticas públicas se da en el terreno de la política fiscal. Ya en 1921 el célebre economista Pigou sugería que la adopción de impuestos correctivos desmotivaría actividades que generan externalidades negativas. Ciertamente las estructuras tributarias y de subsidios lo que hacen es incentivar o bien desincentivar actividades económicas, que pueden ir desde la producción y el consumo hasta el ahorro. Lo mismo es desde luego válido para el gasto público: por ejemplo, un mayor gasto en infraestructura regional incentivará la actividad económica en esa región o bien el gasto social en salud incentivará una mayor disponibilidad de médicos y enfermeras.

Se desprende que además del impacto que los incentivos pueden tener para crear o destruir externalidades, se da un efecto en los mercados laborales. El mayor gasto público dirigido al sector salud, aumentará la demanda de dichos servicios lo que incrementará los salarios de médicos y enfermeras. Generalizando, los incentivos ofrecidos a través de diversas políticas públicas impactarán la retribución de los factores
de la producción.

Asimismo, una estructura congruente de incentivos es un buen instrumento para controlar y/o mitigar riesgos. Ello significa que un buen incentivo es el que considera un riesgo controlado o calculado.

Incentivos perversos son altamente riesgosos: una vigilancia descuidada e ineficaz en una institución bancaria ofrece un incentivo perverso para el asalto, pero ello es una acción elevadamente riesgosa. En cambio una buena vigilancia es un incentivo que controla en forma razonable el riesgo de que ese banco sea asaltado.

En la medida en que enfrentemos los incentivos correctos, nuestra reacción racional a ellos será el comportamiento deseado. Ello nos acercará como sociedad a mejores condiciones para fomentar un bienestar social más elevado al que todos anhelamos y aspiramos para México. Asimismo, para el buen funcionamiento de ese sistema de incentivos, es fundamental un entorno de seguridad personal y de cumplimiento del estado de derecho.

* Presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF