Opinión

Dejando atrás el petróleo

   
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Pemex, Golfo de México

Ya que peleamos con todos los partidos, déjeme ahora hacerlo con la tradición. Como usted sabe, México no fue nunca un país petrolero. Por unos años, al inicio del siglo XX, llegamos a representar 3% del mercado mundial de crudo, pero para 1921, cuando se descubrió el gran potencial en Venezuela, dejamos de ser importantes. Cuando se nacionalizó la industria, ya producíamos bastante poco, apenas para cubrir nuestra propia demanda, y así seguimos por cuatro décadas. El gran cambio fue el descubrimiento de Cantarell, el segundo manto petrolero más grande del mundo, que nos puso de nuevo en el mapa.
Pero todo se acaba, hasta Cantarell, y desde 2004 México ha perdido producción cada año. De los 3.4 millones de barriles diarios (mbd) que llegamos a producir al inicio de ese año, ahora apenas libramos los dos millones, y para el próximo año el gobierno presupuesta una producción de 1.9 mbd.

Por lo mismo, las exportaciones se han reducido de forma muy importante. Nuestro récord fue en diciembre de 2003, con 2.1 mbd exportados, pero de manera estable llegamos a más de 1.9 mbd en 2004 y 2005. Este año (hasta agosto) promediamos 1.1 mbd, pero la estimación del gobierno es de apenas 750 mil barriles diarios para el 2017. En ese mismo año, si las cosas siguen como van, nuestras importaciones de gasolina y diesel alcanzarán más o menos la misma cantidad, de forma que lo que exportemos de crudo no alcanzará a cubrir lo que importamos de estos dos petrolíferos. De hecho, somos ya deficitarios en cuestión energética desde junio de 2015, de forma constante, aunque hubo algunos meses en rojo antes de eso.

Esto significa que el petróleo ha dejado de ser una fuente de divisas. En el mejor momento (2006-2008) promediamos poco más de 23 mil millones de dólares al año en la balanza energética. De 2000 a 2014, el promedio fue de 16,500 millones de dólares por año. En 2015, el resultado fue negativo: perdimos poco más de 3 mil millones de dólares. De enero a agosto de este año, alcanzamos ya esa cantidad, y nos faltan cuatro meses que son todavía más negativos.

En suma, el petróleo ya no es el sostén de las finanzas públicas, como hemos visto en otras ocasiones, ni aporta ya divisas, como acabamos de mostrar. Aunque la producción y exportación de crudo empezó a caer en 2004, el alto precio nos permitió ignorarlo. Desde 2009, hemos tenido que prestar atención, pero todavía con margen. Eso terminó hace un par de años, y desde entonces hemos tenido que reemplazar al petróleo en el financiamiento del gasto público y en las cuentas externas. Es casi un milagro que hayamos logrado hacerlo.

La aportación del petróleo a las finanzas públicas cayó de 6 a 3 puntos del PIB, pero en ese mismo lapso, la recaudación de ISR se incrementó casi en la misma cantidad. Con el IEPS de gasolinas se cubrió el resto. En las cuentas externas, la caída del petróleo ha provocado un mayor déficit en cuenta corriente, pero todo indica que en los próximos meses se revertirá la tendencia, sin que lleguemos a la zona de peligro, que para México suele ser un déficit en ese renglón superior al 5% del PIB.

Puesto que ya logramos reemplazar al petróleo en el financiamiento del gobierno, y lograremos lo mismo en las cuentas externas en poco tiempo, no hay razón alguna para posponer una cirugía mayor en Pemex, como hemos propuesto en varias ocasiones. Es en serio: desháganse de todo lo que no produce. México gana con ello.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey



Twitter: @macariomx

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