Opinión

Definiendo presidentes con hackers

   
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Hacker. (Bloomberg)

Al entregar esta columna no se definía al 100 por ciento quién sería el siguiente presidente de Estados Unidos, pero aun así las lecciones aprendidas son claras y contundentes. Y habría que ponerles mucha atención a éstas considerando los procesos electorales en México para 2017 y 2018. Los hackers saben ahora cómo impactar las elecciones aun de las democracias más sofisticadas. Y las elecciones en Estados Unidos les dieron la ruta.

El asunto del hackeo masivo de información gubernamental por parte de entidades ajenas a Estados Unidos y posteriormente, el escándalo de los correos electrónicos de Hillary Clinton, nos muestran cómo un proceso tan importante como las elecciones es susceptible a las acciones de gobiernos y entidades extranjeras. En el caso mexicano, el hackeo podría venir de actores políticos nacionales.

Un grave robo de información sensible para el gobierno de Estados Unidos perpetrado por hackers chinos ocurrió en abril de 2015, aunque las autoridades de Beijing lo negaron. Este incidente desató una serie de audiencias en el Congreso y críticas sobre las capacidades de ciberdefensa de Estados Unidos. La Oficina de Manejo de Personal estadounidense (OPM, por sus siglas en inglés) más adelante en la investigación reveló que descubrió el robo de números de seguro social de 21.5 millones de personas, incluyendo información de salud y financiera, récords criminales, nombres y direcciones de empleados del gobierno de Estados Unidos y sus familiares. Los afectados fueron 19.7 millones de personas que habían pasado por filtros de control y de confianza y 1.8 millones de personas que en su mayoría estaban en la lista de espera para obtener un empleo en el gobierno. Esa misma semana, la que en su momento era precandidata presidencial, Hillary Clinton, dijo que los chinos estaban “tratando de hackear todo lo que se mueva” en Estados Unidos.

Lo que es un hecho es que los hackers chinos robaron alrededor de tres décadas de información clasificada, ya que el ataque alcanzó a robar información que data de 1985, uno de los ataques más grandes en las redes y bases de datos federales.

Un mes antes de ese gran robo, marzo de 2015, se hizo público que Hillary Clinton, siendo aún Secretaria de Estado, usó un servidor de correo electrónico privado para sostener comunicaciones oficiales, en vez de usar el correo que le asignan en el servidor del Departamento de Estado. Esas comunicaciones oficiales incluían alrededor de 50 mil correos, los cuales fueron hackeados y revelados por el sitio Wikileaks. Muchos de esos correos pertenecían a los trabajos del director de la campaña de Hillary Clinton, John Podesta. La cuenta personal de Gmail de Podesta fue hackeada por atacantes rusos, según los organismos de inteligencia de Estados Unidos, los cuales subieron los correos al portal de Wikileaks.

Además de balconear la estrategia de la campaña presidencial de Hillary Clinton, revelaron al mundo los teléfonos, emails e información confidencial de miles de personas. Creó divisiones entre demócratas y entre los mismos aliados de la candidata. Y muy importante, se informó de posibles nombramientos de alto nivel para el gabinete de una posible presidenta Clinton ¿Se imaginan cómo podrían usar esa información los enemigos del Hillary y de Estados Unidos?

Hillary Clinton no es la única susceptible a ataques cibernéticos. Las computadoras personales de Obama y John McCain fueron hackeadas durante la campaña presidencial de 2008. El FBI descubrió que, en la primavera de ese año, ciberataques originados en China robaron grandes cantidades de información, entre la cual estaba la de las computadoras de los equipos de campaña de John McCain y Barack Obama durante la contienda presidencial.

El Servicio Secreto y el FBI advirtieron a los candidatos que sus sistemas de cómputo habían sido infiltrados por hackers extranjeros
–posteriormente descubrieron que eran rusos y chinos– quienes descargaron grandes cantidades de información de las redes de las campañas. Se entiende que desde entonces las campañas contratan a compañías privadas de ciberseguridad para que analicen las posibles fallas en seguridad. Pero nunca contaron que el hackeo sería a las personas cercanas a la candidata que estaban en el sector privado, como lo que sucedió con Podesta.

En el caso mexicano uno podría imaginarse que los hackers ya estuvieran interviniendo los servidores no sólo de los posibles candidatos, sino de sus allegados y familiares. Y que semanas o meses antes de las elecciones ya empezaran a vaciar esta información a portales que se dedican a las filtraciones sin necesariamente revisar la veracidad de la información.

Twitter: @Amsalazar

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