Opinión

Definiciones: Beltrones

Manlio Fabio Beltrones nunca fue, nunca ha sido y, para muchos en el entorno del presidente, nunca será un político de confiar de Enrique Peña Nieto. Respetado, pero de lejos. Beltrones optó por no llevar a fondo el desafío a Peña Nieto por la candidatura presidencial, y trabajar con él en la campaña, el periodo de transición y desde la coordinación de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados, para sacar todas las reformas que pidió. Con el tiempo se fueron disipando algunas dudas que tenía Peña Nieto respecto a él.

En los últimos meses, Beltrones ha sido un visitante frecuente a Los Pinos, incluso en sábados para comidas de trabajo y en ocasiones críticas, domingos, lo que habla de una nueva cercanía. Su comunicación con el presidente es fluida y de acuerdo con personas que saben de ese acercamiento, Peña Nieto busca su opinión de manera regular. Entre los colaboradores del presidente también se ha ido reduciendo la beligerancia contra Beltrones en la campaña y los tiempos de la transición, cuando consideraban que había más traiciones contra Peña Nieto que colaboración.

Beltrones le ha sido muy funcional al presidente en la Cámara de Diputados, pero su trabajo en la Legislatura termina en septiembre, cuando un nuevo Congreso sea instaurado. Su vida política parece finita, y desde hace tiempo Beltrones entiende que su futuro político depende en gran medida de lo que tenga en mente el presidente Peña Nieto para él. Hace algunos meses, Beltrones llegó a considerar que al terminar la actual Legislatura, tendría que retirarse de la política activa y dedicarse a la consultoría.

No está claro por qué lo decía, aunque se podría pensar que tenía que ver con el tipo de relación que tenía con el equipo gobernante: bien, a secas, con el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, pero mal con el de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, con quien hay una relación de respeto, profesional e institucional, pero no más. Cada vez fue mejor con Peña Nieto, lo que debió haber llevado a cambiarle su expectativa y decir, entre quienes gozan de su confianza, que le gustaría ir al PRI, de donde se espera que el líder nacional César Camacho salte a la coordinación de la bancada en San Lázaro, y la secretaria general, Ivonne Ortega, al gabinete.

La duda si Peña Nieto lo querrá tener en un terreno no acotado, es casi tan grande como si está dispuesto el presidente a no tenerlo cerca, aunque no sea amarrado. El tema es de costo-beneficio y de certidumbre sobre lealtad institucional. Beltrones tiene 62 años y posee una enorme energía política y capacidad operativa. Es quizás el político priista activo más estratégico, y entre quienes más respeto y credibilidad tienen entre sus pares.

El presidente le podría ofrecer una embajada, pero para un político eminentemente doméstico como el sonorense, ¿sería el exilio un buen final a su exitosa carrera? Un lugar en el gabinete también, pero ¿aceptaría algo que no fuera la Secretaría de Gobernación? Claro que para un priista institucional es muy difícil decirle que no al presidente de su partido, pero en este caso, en lo que se ve hoy como el epílogo de la carrera de Beltrones, ¿aceptaría terminar su carrera en un papel secundario? Si uno entiende como piensa, su camino sería mejor por el retiro glorioso y el mensaje popular que el temor del equipo peñista lo empujó a esa decisión.

Pero todas las señales que salen de Los Pinos indican que Beltrones sí va a jugar un papel en la segunda parte del sexenio, pero sin tenerse claridad aún sobre en qué lugar será. El PRI no es un puesto que esté fuera de las discusiones en algunas de las oficinas presidenciales, como sí lo es que fuera a Gobernación, en dado caso que Osorio Chong fuera a otro cargo a preparar su candidatura presidencial para 2018. La Secretaría de Gobernación se sigue considerando como un lugar donde un político con inteligencia estratégica puede opacar inclusive al presidente, como en algunos sexenios sucedió. El temor inconfesable es que podría servirle a un político con su talento, de plataforma para arrebatarle a Peña Nieto la sucesión presidencial.

El alegato que desde el PRI puede también construir su candidatura presidencial, ha sido rebatido por colaboradores del presidente en diferentes momentos. La principal razón, afirman, es que desde que Roberto Madrazo buscó y consiguió la candidatura del PRI desde la presidencia del PRI en 2005, esa combinación se volvió tóxica. En una ocasión previa, tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el presidente del PRI Fernando Ortiz Arana quiso aprovechar la confusión del momento y arrebatar la candidatura presidencial, pero fue neutralizado y defenestrado por el presidente Carlos Salinas.

Las experiencias ayudan a pavimentar el camino del PRI para Beltrones, pero todavía deberá de ir pasando por las estaciones de confianza que le colocarán enfrente. Falta casi un año para la siguiente elección federal, pero el tiempo de la definición presidencial llegará mucho antes. En diciembre, máximo, el presidente Peña Nieto revelará sus cartas
–por razones constitucionales, quienes aspiren a puestos de elección popular tienen que dejar sus cargos públicos–, y en ese momento, sin decidirse quizás de manera definitiva, se podrá empezar a apreciar el futuro que el presidente quiere para su colaborador eficaz de estos años en San Lázaro.