Opinión

Debilidad e impunidad

   
1
   

   

mujer, inseguridad. (Shutterstock)

Desde hace meses comentábamos que los temas definitorios de la elección de 2018 serán corrupción e inseguridad. La cuestión económica no parece que vaya a tener mucho impacto, a diferencia de lo que normalmente se cree. Ya en estos pocos días que van del año han intentado algunos colocar temas como el 'gasolinazo' o el 'tortillazo', pero me parece que sin mucho resultado. Aunque la inflación de 2017 fue elevada para lo que ahora acostumbramos, ni está fuera de control ni seguirá en ese nivel. El día 24 de enero se publica la inflación de la primera quincena de este 2018, y podría apostarle que será un punto porcentual inferior al cierre del año pasado. Aun así, estará muy por encima de la meta tradicional del Banco de México, pero ya no será “la más alta en 17 años”. Y no se ve algún otro asunto económico con impacto político relevante. Impactos externos puede haber, pero su efecto se analiza de otra manera.

Así que se trata de corrupción y de inseguridad, y ambos temas tienen su origen, habíamos comentado alguna vez, en la impunidad. Si no se castiga el mal uso de los puestos públicos, ni la comisión de delitos, pues ni corrupción ni inseguridad terminarán jamás. Sin embargo, el día de ayer escribió Enrique Quintana un dato muy interesante, relevante para el análisis del impacto que tienen estos temas en la elección. De acuerdo con la información de Quintana, los dos temas son efectivamente importantes, pero de diferente manera para dos grupos de población. Mientras que para el “círculo rojo” la corrupción es prioridad, para la población en general, el “círculo verde”, ese lugar lo ocupa la inseguridad.

Si esta información es correcta, entonces buena parte de la discusión en medios y redes sociales lo único que debe producir, en la mayoría de la población, es bostezos y cinismo. No dudo que la interpretación en ese amplio círculo verde sea que todos los políticos son iguales y que la discusión acerca de la corrupción nada más es una versión nueva del “quítate tú para ponerme yo”. Para los candidatos con menos conocimiento entre el público en general, la insistencia mediática en la corrupción puede servir mucho: su nombre se repetirá. Falta ver cómo afecta esa insistencia en los positivos y negativos.

Sin embargo, si los candidatos se pasan los siguientes seis meses discutiendo cuál de las fuerzas políticas es más corrupta, acabarán ahuyentando a los votantes. Pero el tema de seguridad es mucho más complicado. No sólo por cuestiones técnicas, sino porque es necesariamente negativo: sólo se percibe cuando falla. Tal vez por eso lo mantienen en el nivel más abstracto posible: es la guerra contra el crimen, entonces la solución es la amnistía; es asunto de drogas, basta con legalizarlas o regularlas; es producto de la pobreza y la desigualdad, se resuelve con más gasto social.

Nada de eso es cierto, aunque el tema de despenalizar el consumo de ciertos estupefacientes puede servir de algo, lo mismo que podría servir mejorar la calidad del gasto social. Pero no son el núcleo del problema. Como comentamos hace un par de días, usando como excusa un reportaje del NYT, el pecado original es la debilidad del Estado mexicano. Un Estado débil no puede castigar a los miembros de la sociedad que atentan contra ella, sean políticos, empresarios o criminales. Tal vez por ello, con la sensibilidad inconsciente de quienes se dedican a la política, las tres fuerzas están ofreciendo su versión de Estado fuerte: el monarca de los años setenta, el partido fuerte de los noventa, la novedosa coalición gobernante.

¿Cuál es más creíble? ¿Cuál es menos riesgosa?

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
Corrupción y legitimidad
Estado débil
Precampañas

Sign up for free