Opinión

De vuelta a la realidad

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Legisladores federales piden poner un alto a la inseguridad que se vive en el Estado de México. (Archivo/Cuartoscuro)

El despertar del nuevo año nos confronta con circunstancias adversas con una angustia social creciente. El discurso político carece de la fuerza suficiente para mitigar el negativo efecto del lioso escenario en que estamos inmersos.

Como era previsible, la contienda electoral sienta sus reales y desplaza, paulatinamente, la atención del soberano a otros espacios. La oferta, sin embargo, del color que sea, se antoja desde su inicio frágil, sin contenido ni trascendencia. Más allá del denuesto y la exhibición del adversario, práctica común de nuestra clase política, las campañas carecen de sentido práctico para despertar el entusiasmo o al menos una leve ilusión de la ciudadanía.

Ante los muchos y variados frentes que están abiertos: políticos, económicos y sociales, en lo interno y externo, la acción pública se percibe dispersa, deshilvanada y reactiva, carente de unidad y contundencia, en tanto que nuevos elementos se suman, momento a momento, a la agenda de preocupaciones.

El desencanto social con la clase política se acentúa permanentemente, ahondando la sensación de la inexistencia de opciones razonablemente viables que ofrezcan solución a la compleja realidad que padecemos. Ineficiencia, corrupción y abuso son calificativos comunes y mutuos a cualquier partido, que acrecientan la brecha de confianza entre suspirantes y potenciales electores.

El año que arranca obliga a cambios y reacomodos en el sector público como consecuencia lógica de los tiempos oficiales. Gobernadores, diputados y presidentes municipales (equipos incluidos) que culminan su gestión por razón natural o por la búsqueda de nuevos espacios, habrán de producir un indefectible efecto en el tablero político desde los primeros meses del año. El spoils system tradicional entrará en juego generando movimientos muchas veces inesperados o sorpresivos en los diversos ámbitos del poder.

Pero más allá de la especulación que desde hace meses ronda, particularmente a la administración pública federal o quizá concurrente con ella, el ambiente electoral en que se introduce la dinámica nacional ofrece espacios ideales para la producción de relevos que se anuncien a la opinión pública como resultado natural de la competencia partidaria y consecuencia de las legítimas aspiraciones de sus cuadros, en un ambiente de competencia por los cargos públicos, de manera tal que los esperados y hasta demandados movimientos en distintas dependencias podrían producirse con mayor justificación y tersura.

El primer tercio de la actual administración ha sido innegablemente crítico, por la dinámica reformadora que caracterizó su arranque, los trágicos e irresueltos acontecimientos de diversa naturaleza, los no menos escandalosos eventos que abonan al desencanto social y las adversas circunstancias del entorno externo que han generado presiones mayúsculas al desempeño gubernamental.

El horno no está para bollos, el año que comienza ofrece desafíos de alta intensidad en todos los ámbitos de la vida nacional. La economía en picada, la insatisfacción popular creciente, el crimen desmedido, la corrupción en su apogeo y la confianza social por los suelos.

Harán falta mucha determinación, inteligencia y valor para afrontar tan incierto panorama. Feliz 2015.

El autor es catedrático de la Universidad Anáhuac.

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