Opinión

De una forma cruel e irracional, EU desprecia
el capital humano

 
1
 

 

Dreamers. (Especial)

“El hombre pertenece a la tierra en donde prospera”: Aristófanes.

Siempre he considerado que el capital humano es la forma de riqueza más importante que existe y, a través de la inmigración, Estados Unidos se ha beneficiado históricamente de este extraordinario capital, sembrado en otras tierras.

Por ello muchos nos hemos sorprendido por la forma en que la Casa Blanca desprecia una fuente de riqueza tan valiosa como los llamados dreamers. Se trata de un grupo de millones de jóvenes que nacieron fuera de Estados Unidos y que fueron llevados por sus familiares a vivir a ese país antes de cumplir la mayoría de edad.

Los dreamers representan naturalmente un extraordinario acervo de capital humano y el sentido común nos diría que deben ser altamente valorados. Pero no es así: por razones incomprensibles, este espléndido grupo de jóvenes ha sido tratado con indiferencia, o incluso desprecio, por la Casa Blanca.

Los dreamers son estadounidenses en todos los sentidos —excepto en el papel—. Crecieron y han sido educados en las escuelas públicas de ese país e irresponsablemente, justo cuando llega el momento de cosechar los frutos de su talento, su futuro se pone en riesgo. En el caso específico de los 800 mil participantes en el programa de amnistía DACA (Acción Diferida para Inmigrantes Infantiles, por sus siglas en inglés), más de 90 por ciento tiene un empleo, estudia en la universidad o se enlistó en las Fuerzas Armadas.

Considerando estos extraordinarios indicadores demográficos, la decisión de la administración actual de cancelar este exitoso programa de amnistía nos deja perplejos. Con esta absurda medida, se deja en una brutal incertidumbre el porvenir de casi un millón de jóvenes.

Muchos expertos opinan que la decisión es, por lo menos, irresponsable. Lo adecuado habría sido informar a la opinión pública de los enormes beneficios, para la economía y el tejido social, de regularizar permanentemente a quienes tuvieron el valor de dar un paso al frente y participar en DACA.

De acuerdo con un reporte publicado en enero por el Instituto CATO, un prominente centro de estudios conservador, la economía de Estados Unidos perdería por lo menos 280 mil millones si los participantes del programa DACA fueran deportados por la administración Trump. No se puede “hacer grande a Estados Unidos” sacrificando a un segmento tan valioso de la población.

Lamentablemente, para la Casa Blanca los dreamers no son más que una pieza de trueque para que el Congreso apruebe el financiamiento para construir un muro absurdo y costoso, que no resolverá ningún problema en nuestra frontera común. Entre otras demandas casi tan insensatas e inhumanas de la administración Trump, encontramos restricciones mayores para la emisión de permisos de residencia y negar la entrada a niños que viajan solos desde América Central en busca de sus padres y huyendo de la terrible violencia que provoca la absurda guerra contra las drogas.

Todo esto es cruel e irracional. Es cruel porque los dreamers prácticamente no conocen otra tierra, otro idioma y otra cultura que no sea la que prevalece en Estados Unidos. Son extranjeros en sus países de origen. Si son deportados, serían altamente vulnerables, sus planes de vida se verían deshechos, su forma de vida destrozada y sus vínculos familiares fracturados.

Esta decisión es además irracional porque, en una economía en pleno empleo, los beneficios que representa para Estados Unidos este caudal de capital humano suman miles de millones de dólares por año —sin tomar en cuenta los efectos multiplicativos que genera.

Pero si el país vecino comete un gravísimo error y deporta a este formidable segmento de la población, México podría obtener un enorme beneficio demográfico, una espléndida donación de capital humano. Afortunadamente, gran parte de los dreamers mantiene su nacionalidad mexicana.

Aunque hay una diferencia de grado, al igual que Estados Unidos, México es un país que se ha beneficiado históricamente de importantes olas migratorias. Los “mexicanos por decisión” provienen de países tan diversos como Chile, Argentina, Brasil, España, Francia, China, Corea, Líbano y los mismos Estados Unidos. De hecho, se estima que en México residen más de un millón de personas provenientes Estados Unidos, lo que nos convierte en el mayor receptor de inmigrantes de ese país.

Mi propio tatarabuelo llegó de Gran Bretaña en el siglo XIX en busca de oportunidades en estas generosas tierras y algunos de los ejecutivos de mis empresas provienen de Argentina, España, Francia, Reino Unido y Estados Unidos.

Podemos decir que la gran mayoría de los grupos de inmigrantes han enriquecido a México, pero los dreamers podrían generar un beneficio sin precedentes. Ellos representan un destacado grupo de gente joven, ambiciosa, trabajadora, bicultural y con altos niveles académicos. En caso de que la Casa Blanca cometa el error fatal de deportar a este espléndido segmento de la población, nuestro país tendrá que hacer un esfuerzo importante para que los dreamers se sientan en casa y empoderados.

En una economía globalizada, las ventajas para México de asimilar exitosamente este cúmulo estupendo de capital humano serían incalculables. Sin duda se trata de un gran reto, pero con formidables beneficios potenciales. Nuestro país se enriquecería en gran medida, cortesía de la corta visión de quien hoy habita la Casa Blanca.

* El autor es fundador de Grupo Salinas.

Twitter: @RicardoBSalinas

También te puede interesar:
Lo inevitable (parte 2 y final)
Lo inevitable (parte 1)
¿Libertad de comercio?