Opinión

De profecías autorrealizadas

El próximo 23 de mayo, el INEGI dará a conocer cuál fue el crecimiento de la economía durante el primer trimestre del año.

No espere sorpresas. El dato estará por arriba del terrible cuarto trimestre del 2013, cuando apenas crecimos 0.7 por ciento, pero estará muy cerca de los niveles de 1.4 a 1.6 por ciento que tuvimos a mitad del año pasado.

No hay mucho para dónde hacerse. En el primer bimestre, el paso que la economía llevaba era de 1.35 por ciento. Si en marzo lograra llegar al 2 por ciento (cosa que puede suceder por el efecto de la Semana Santa) nuestro promedio trimestral sería de 1.56 por ciento.

Poco más o poco menos, pero por allí andaremos.

Ya hay indicadores del mes de abril y los primeros que han surgido no son precisamente para echar a volar las campanas.

Ayer, Walmart reportó sus ventas y la cifra, a tiendas comparables y en términos reales, refleja un declive de 2.4 por ciento.

Aunque hubo un poco más de gente acudiendo al súper, en términos reales, salieron con menos producto en sus carritos.

Aquí le hemos tomado el pulso, la presión y la temperatura a la economía desde hace buen tiempo, y aunque le hemos dicho que el pronóstico es positivo para el paciente, la realidad es que la salud no va a llegar pronto ni tampoco milagrosamente.

Hoy tenemos un problema que está trascendiendo las puras variables económicas y tiene que ver con el inasible asunto de los estados de ánimo: no nos la creemos.

Hay un deterioro de la confianza.

Ayer también se dieron las cifras de la confianza del consumidor a abril. Con cifras desestacionalizadas, el aumento del mes fue de sólo 0.06 por ciento. Es decir, casi nada, luego de alzas muy robustas en febrero y marzo que parecían estar revirtiendo las malas noticias del año pasado. Pues nos volvimos a tropezar.

Pero con la confianza del sector empresarial, que también ayer se dio a conocer, no nos fue mucho mejor. Había subido ligeramente en febrero y marzo, pero en abril metió reversa y cayó en 0.28 puntos respecto al mes previo.

Así que más allá de todos los problemas reales que puedan estar ocurriendo, hay un problema de confianza.

Y, ¿sabe qué?, creo que uno de los factores que le está pegando a nuestro estado de ánimo es ver de nuevo a los políticos dándose hasta con la cubeta.

Si ayer tuvieron que cancelar la reunión del Senado sobre la reforma política, pareciera que eso no tiene ninguna importancia para la economía.

Pero si, sistemáticamente se tienen que posponer votaciones, reuniones, discusiones y demás porque no pinta que vaya a haber acuerdo entre los partidos, y tampoco se ve a un gobierno que quiera usar las mayorías que tiene, pues entonces vuelven a surgir las preocupaciones y las dudas.

¿Serán las elecciones del PAN y su resultado un parteaguas que pueda volver a propiciar el diálogo?

Lo más seguro es… que quién sabe.

Ojalá que nuestra falta de confianza no vaya a generar eso que se denomina profecía autorrealizada, o sea, que las cosas sigan mal simplemente porque creemos que así van a seguir.

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