Opinión

De película

  
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David Mora

David Mora es un torero madrileño de 35 años; su concepto del toreo es clásico, elegante, sobrio y refinado. Con 14 años se enroló en la Escuela Taurina “La Princesa”, en la localidad de Alcorcón, y ahí comenzó la aventura. Cuatro años más tarde ingresó a la escuela taurina “Marcial Lalanda”, de Madrid. Asiduo participante de las capeas en la región de Guadalajara, España, donde le curtieron el carácter. Cualquier sacrificio era válido con tal de ponerse delante de un toro aunque fuera en la calle de algún pueblo serrano.

Así llegó la alternativa y la vuelta a empezar en esa incansable lucha por ser torero. Momentos buenos, momentos malos, como todos. El sacrificio como norma de vida y la ilusión puesta en un sueño. Llegaban los triunfos y la hora de dar la cara ante el toro en las grandes plazas y las grandes ferias, alternando con las figuras. El sueño se empezaba a cumplir, la responsabilidad creció y David dio la talla.

San Isidro 2014, Madrid, 21 de mayo. En el primer toro de la tarde, de nombre “Deslío”, de la ganadería de El Ventorrillo, David se fue a hincar frente a la puerta de toriles para pegarle una larga cambiada al toro y así demostrar sus intenciones; el toro salió y se abrió un poco a la izquierda, quedando David un tanto atravesado, el toro lo vio y se fue por él como un tren, David hizo la suerte, pero el toro no obedeció al capote y se lo llevó por delante con el pitón derecho apuntándole en la ingle al matador; al sentir al torero volvió por él, y cornándolo en la axila le dio escalofriante voltereta, con celo le pegó hasta cinco viajes con brutal violencia, el quinto derrote lo encontró inerte en el ruedo y le metió todo el pitón derecho en la parte superior del muslo izquierdo, lanzándolo varios metros adelante. Escenas dramáticas que muestran la crudeza del toreo y el poder de un toro. Escasos segundos que parecieron una eternidad. Un capote desvió la atención del toro, David intentó incorporarse y de su muslo brotó un chorro de sangre como tributo al sueño de ser torero. Se le iba la vida al hombre, lo levantaron y lo llevaron al quirófano, donde el Dr. García Padrós, un ángel del cielo puesto en esta tierra, tras seis horas de operación le salvó la vida.
Arrancamiento de femoral, tremendos destrozos, además de una brutal golpiza y otra cornada menos grave en la axila.

El torero empezó de nuevo. Cero sensibilidad en la pierna y pérdida de movilidad. La vida siguió, la fiesta continuó con sus ferias y carteles, y David era un recuerdo ante la preocupación por su estado físico. El toreo es muy duro, es complicado imaginar lo que estos hombres son capaces de aguantar, de sufrir y de pelear por estar en la cara de un toro y ofrendar su vida con el objetivo de crear arte y alimentar el alma.

En el silencio, con discreción, sin vender la tragedia, David empezó a lidiar al toro que el destino le puso enfrente. Otra prueba más al espíritu de los valientes. Miles de horas de sufrimiento en una sala de rehabilitación, un súper atleta postrado en una colchoneta sufriendo para levantar 20 centímetros la pierna. En la mente, el toro, sólo el toro, ese animal poderoso, majestuoso, capaz de arrancarle la vida a un hombre con la certeza de un pitón y la fuerza descomunal de su ser. “Te ofrezco mi vida, toro, a cambio de darle gloria a tu vida”.

638 días después de la brutal cornada, David reapareció en Vistalegre y las sensaciones eran buenas. Valencia, Sevilla y Leganés avalaron el momento y la resurrección de un torero.

Miércoles 25 de mayo, Las Ventas de Madrid recibió a David con una clamorosa ovación tras el paseíllo y el torero lloraba, la emoción era enorme y el gesto de torería por parte de la afición conmovió. “Malagueño”, de Alcurrucén, pisó el ruedo; toro precioso de hechuras que empezó a embestir de forma extraordinaria. El destino le pagó a David las horas de sufrimiento, “Malagueño” le entregó su vida como tributo de todos los toros del mundo que mueren en un ruedo para darle vida a un arte que no todo el mundo aprecia. El toro bravo es el principal actor de la fiesta, sus valores, la bravura y nobleza le devolvieron a David en unos instantes la grandeza de su oficio. Se dio el milagro, un toro bravo entregado a la muleta de un hombre que sigue dispuesto a pagar con su vida la gloria de ser torero. ¡Qué grandeza!

Hoy la humanidad descarriada de sus valores, confundida, humanizando al perro e ignorando a sus semejantes, no se detiene a pensar y a reencontrar su esencia. Los valores de la tauromaquia nos guían a quienes amamos este arte para poder lidiar el mundo que hoy nos toca.

Faena, estocada y dos orejas con vuelta al ruedo al toro. David, que dos años antes entregaba su vida en el ruedo, el pasado 25 de mayo salió a hombros por la puerta grande. De película.

Twitter: @rafaelcue

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