Opinión

De Obama a Peña Nieto:
hay días que no son
de golf

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Obama

En agosto pasado el Estado Islámico (EI) cumplió con una de sus terribles amenazas y decapitó al periodista estadounidense James Foley. Un día después de conocerse un video al respecto, el presidente Barack Obama, quien se encontraba de vacaciones cuando eso ocurrió, dio un mensaje sobre lo mucho que le afectó la noticia y, sobre todo, lo que haría para castigar a los autores del brutal asesinato. Acto seguido, se fue a jugar golf. La tormenta no se hizo esperar.

“El jefe de Estado fue fustigado en el mejor de los casos por dar muestras de falta de inteligencia política y, en el peor, por carecer de tacto o de sensibilidad”, publicó AFP el 7 de septiembre, cuando Obama dio una entrevista para reconocer que se había equivocado. “Está claro que, tras haber hablado con las familias –en una conversación durante la cual me costó retener las lágrimas al escuchar su dolor– yo debí prever el efecto que esto tendría”, declaró a NBC News.

El presidente agregó que “parte de este trabajo es tener en cuenta la puesta en escena con respecto al mismo. Y bueno, es algo que no siempre me sale de manera natural. Pero eso importa. Estoy plenamente consciente de ello”, agregó.

El sábado pasado la periodista Lourdes Mendoza publicó en Twitter que tenía reportes de que el presidente Enrique Peña Nieto había sido visto ese día jugando golf en Ixtapan de la Sal.

La afición del presidente Peña Nieto por el golf es conocida y en absoluto criticable. Puede jugar el día que guste pero, siguiendo a Obama, debió tener en cuenta “el efecto” que entre la opinión pública tendría la noticia de que se fue al golf un día después de regresar de una larga gira por Francia, viaje que no acortó ni modificó a pesar de la polémica suscitada tras la fuga del Joaquín Guzmán.

Que Peña Nieto se vaya a jugar golf, que quede claro, no implica que la búsqueda del Chapo vaya a entorpecerse. Para nada. A pesar de los defectos de este gobierno, nada indica que el presidente no haya sido informado regularmente sobre el Chapogate mientras estuvo lejos de México. Y el viernes, al aterrizar, el mandatario se reunión con los funcionarios directamente involucrados en esta crisis.

Lo que está mal de que Peña Nieto se vaya al golf es, precisamente, que esta administración acumula un gran descrédito en el renglón relativo a su capacidad de entender las polémicas en las que está envuelto. Él es visto como indolente, con declaraciones carentes de tacto (en el caso Ayotzinapa aquella sobre ya supérenlo) y como alguien poco efectivo al generar empatía con sus gobernados.

En otras palabras, vive una gran crisis de imagen e hizo algo que sólo podría empeorarla.

Cuando en el inicio del sexenio ocurrió la explosión de la torre de Pemex, el sábado siguiente un reportero de Mural, de Grupo Reforma, tuvo reportes de que el presidente se encontraba en Punta Mita, destino dorado para los golfistas. Esa versión corrió en las redes sociales, y fue hasta en la noche cuando se vio a Peña Nieto reaparecer en el DF en un acto sobre esa tragedia.

Parte de una presidencia, lo dice Obama, es cuidar la representación de la misma. La investidura, diríamos acá. Algo que se suponía que Peña Nieto, tan dado a las ceremonias y el boato, dominaba.

¿Entonces?

Twitter: @salcamarena

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