Opinión

De milagros y de políticos

El santoral católico tendrá este fin de semana dos adiciones: San Juan Pablo II y San Juan XXIII.

Del segundo ya pocos se acuerdan, aunque sus acciones cambiaron para siempre la vida de millones de católicos, al modernizar ritos e instituciones.

Del primero, mucha gente podrá decir que tuvo el privilegio de ver a un santo a metros de distancia y quizás más de una vez, en sus numerosos viajes a México.

Bueno, pues como están las cosas, no estaría por demás que los creyentes les pudieran pedir a estos nuevos santos un milagro como estreno de su santidad.

En este caso no se trataría de pedir por la recuperación de algún enfermo, como es lo más usual. El caso sería más importante, pues se trataría de la recuperación de un país enfermo.

El padecimiento principal lo tenemos en la cabeza.

Resulta que los que mandan, parecieran andar hechos bolas. Luego de habernos generado expectativas de que podrían relanzar al país hacia el crecimiento y el bienestar, han regresado a las andadas.

Y hoy nuevamente la clase política está enredada con sus ambiciones partidistas, sus compromisos y sus temores, y están poniendo en riesgo todo el proyecto de transformación.

Bien dice el conocido adagio que el diablo está en los detalles porque precisamente son esos detalles los que nos están atrapando.

Así que la acción bienhechora de los nuevos santos, no nos caería nada mal.

Pero no sólo es la clase política. Pareciera que en la economía tenemos uno de esos motores viejos que andan fuera de tiempo, donde un cilindro anda a un ritmo y los demás a otro, y el pobre vehículo en el que vamos todos, ‘tose’ a cada momento porque va con una marcha toda dispareja.

Aunque en este caso, alguien diría que más que un milagro, lo que le hace falta es una buena afinación a la economía.

El otro milagrito que nos hace falta es el que se requiere para que nuestros políticos, que son los que llevan la dirección, el freno y el acelerador, ya se dejen de simulaciones.

No está usted para saberlo pero yo sí para contarle que un distinguido parlamentario le confesó a un empresario que necesitaba su asesoría porque tenía muchos colegas a los que pastoreaba no precisamente su líder, sino el propietario de una empresa telefónica muy poderosa.

Hay otros políticos que poco a poco salen del clóset, pero no por lo que usted cree, sino porque ahora ya ponen en Twitter sus creencias religiosas más fervientes, que siempre encubrieron por estar hasta a la mera izquierda.

Pero los ciudadanos de a pie no nos salvamos de ese malestar que aqueja al cuerpo nacional.

Somos harto quejumbrosos de la corrupción que prevalece en casi todos los ámbitos. Pero casi siempre se nos olvida que ésta siempre tiene dos partes. Y cuando algún oficial de tránsito nos sanciona justificadamente, andamos de inmediato buscando su “criterio”, para salir del apuro.

En fin, a ver si ahora que este domingo seguramente habrá muchas personas que le recen a los nuevos santos, se nos hace el milagro y regresamos el lunes sosegados y todos en paz.

Twitter: @E_Q_