Opinión

De lo trivial a lo importante

 
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yunes

A veces parece que lo que más nos importa son los detalles triviales.

Lo que más ruido hace en redes, en las noticias, en las conversaciones, es si el presidente se equivocó en una frase o si la esposa de un candidato fue al supermercado a hacer la compra. Sin duda, dan tema para las pláticas y en algunos casos provocan unas cuantas risas.

Hay otros temas que revelan el verdadero ser y el carácter real de las personas. Hay muchos botones de muestra. Por ejemplo, Yunes y su reloj. Cada uno puede comprar el reloj que quiera. Pero si el reloj tiene un valor de cientos de miles de pesos y el personaje que lo usa se ha dedicado prácticamente toda su vida al servicio público, se generan dudas sobre la procedencia de los recursos para adquirirlo y es una muestra de la falta de sensibilidad y de coherencia.

Un ejemplo más del descaro y del cinismo de gran parte de la clase política que nos gobierna.

En las elecciones estatales de 2017 se discutió ampliamente la propuesta —absurda desde mi punto de vista— del salario rosa de quien resultó ganador en la gubernatura del Estado de México.

De alguna extraña forma, caímos en la trampa. Hablamos sin parar de la idea, hicimos cuentas para evaluar de dónde saldrían los recursos, discutimos quienes calificarían para obtenerlo. Hubo largos discursos para hablar de sus bondades, se reconocería la labor de las amas de casa y disminuiría la desigualdad. Hoy, ya entrada la administración, no hay salario rosa y lo único que se sabe es que ya se limitó a las amas de casa en situación de pobreza extrema.

Poco se habló de los verdaderos problemas del Estado de México y de soluciones reales y viables. ¿Ha cambiado en algo el transporte público del estado? ¿Ya mejoró o hay siquiera un plan para mejorar las terribles condiciones de seguridad? ¿Hay alguna idea para mejorar la productividad del estado que más aporta al PIB después de la Ciudad de México?

Hoy ya empezamos, me incluyo, a hablar de propuestas que no nos llevarían a buen puerto en caso de ser implementadas. Ya están en la mesa las becas a los 'ninis', el ingreso básico universal, la cancelación de infraestructura, las universidades sin evaluaciones, y apenas es el principio.

Pero me parece que las discusiones más importantes son las que casi no tenemos por estar enfrascados en el día a día; nuestra visión de cortísimo plazo nos impide ver lo atrasados que estamos en cientos de cosas. A raíz del riesgo de desaparición del TLCAN, se habla cada vez más de acercarnos a Asia, pero en realidad hacemos poco al respecto.

Tampoco vemos lo que algunos países de Asia han hecho que nos serviría de ejemplo. Es increíble lo que ha avanzado Vietnam en educación. Todos los egresados de universidades chinas saben programar, es una habilidad que los empleadores requieren y asumen que sus empleados tendrán, además de descubrir talentos informáticos en el camino. En México, hay poca concordancia entre las habilidades de los graduados y lo que busca el sector productivo. Han proliferado las escuelas ficticias que sólo engañan a sus egresados con un título, pero que les dan poca formación.

Citando al doctor José Sarukhán en su artículo publicado en el número de aniversario de Nexos recién publicado “el peor futuro que podremos construir para nuestro país es uno en que las nuevas generaciones tengan una formación light y de simulación en la obtención de su capacitación profesional”. Y aun así ya hay propuestas de revertir la reforma educativa. Eso no es visión de corto plazo, es ceguera total.

No sólo el capital humano del país se está quedando atrás, la infraestructura que tenemos pertenece a otra época o a un estado de desarrollo distinto al que decimos aspirar. ¿Por qué las calles y las carreteras están tan mal construidas? ¿Por qué un trayecto —como el del libramiento a Cuernavaca— de sólo 14 kilómetros se construye en el doble del tiempo y al doble del costo con errores fatales? ¿Por qué desaprovechamos la oportunidad de convertirnos en un hub aéreo dada la ubicación del país? No sólo la desaprovechamos, además, las instalaciones aeroportuarias se deterioran a pasos agigantados. El único gran proyecto de infraestructura de esta administración es el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México, que se precia de que tendrá el estacionamiento más grande del mundo. ¿No podríamos mejor pensar en vías alternativas de acceso? ¿Un tren de alta velocidad ecológico sería mucho pedir? Ya existen en el mundo, no es como que tengamos que desarrollar la tecnología desde cero. ¿Por qué incluso al hacer algo nuevo lo planeamos con una visión retrógrada?

Faltan muchas cosas en este país. Falta arreglar en serio el tema educativo, avanzar en infraestructura, aplicar la ley. Pensemos en lo importante.

* La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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