Opinión

7 de Julio, San Fermín


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Fiesta de San Fermín

La identidad de un pueblo radica en el honor que rinde la gente a sus tradiciones. Ésta es una de las razones por las que nuestro México es tan rico en cultura; esto lo deben entender los políticos que sin valoración del sentir creen que su trabajo es cambiar nuestra identidad como nación. No señores, su trabajo —recuerden que trabajan para nosotros— es legislar para que vivamos mejor; lo que estriba en su honradez y calidad moral, no en cambiar nuestra forma de vida y nuestras costumbres.

Pamplona es una de las ciudades del mundo con mayor arraigo y respeto a sus tradiciones, mismas que están vinculadas a la celebración del patrono de la ciudad, San Fermín, y a la incuestionable veneración del hombre hacia el toro como forma de culto. Los orígenes de dicho festejo datan del siglo XII.

Actualmente Pamplona cuenta con alrededor de 196 mil habitantes, siendo la ciudad más poblada de Navarra, al norte de España.
Todos los años al mediodía del 6 de julio dan inicio las festividades con el tradicional chupinazo en la Plaza Consistorial, donde se reúnen miles de personas con el único fin de celebrar la vida. Son nueve días de fiesta ininterrumpidos dentro de la ciudad, con diversos eventos para todos los gustos.

La veneración al toro es quizá el festejo más conocido a nivel mundial durante los Sanfermines, aunque en realidad hay muchas actividades incluso familiares que enriquecen la tradición de esta ciudad.

El 7 de julio a las 10:30 horas, por las calles del Casco Viejo de Pamplona se lleva a cabo la Procesión en honor a San Fermín, emocionante ritual donde las familias pamplonicas, desde el abuelo hasta los niños, veneran a su Santo.

La Comparsa de ocho Gigantes y Cabezones es otra celebración que todos los días engalana la ciudad por las mañanas, manifestación cultural donde los niños admiran su esencia como pueblo.

Mientras muchos duermen para recuperar fuerzas, Pamplona se transforma en una ciudad familiar, donde distintas generaciones (impecablemente vestidas de blanco, con pañuelo y faja en rojo) pasean orgullosas de sus costumbres por la ciudad; abuelos con sus nietos de la mano, disfrutan el orgullo de ser pamplonica.

Pero lo que lleva a Pamplona de ser una ciudad de 196 mil habitantes, a una ciudad que alberga 2 millones 800 mil almas, es el toro. Se manifiesta en dos costumbres principalmente: los encierros a las 8:00 horas y las corridas de toros por la tarde, que se celebran regularmente desde 1767.

Los encierros comienzan pidiendo al santo patrono que cuide a los mozos corredores, con el tradicional cántico: “A San Fermín pedimos/ por ser nuestro patrón/ nos guíe en el encierro/ dándonos su bendición”. Finalizan con los gritos de “¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!”. El canto tiene lugar tres veces (a las 7:55, 7:57 y 7:59 horas).

El recorrido desde los corrales hasta la Plaza de Toros es de tan sólo 848.6 metros. La duración media: 3:55 minutos. La velocidad del toro: 24 km/h. Son esos mismos toros los que lidiarán los toreros unas horas más tarde.

Un día normal se juntan alrededor de 2 mil corredores y en fin de semana alcanzan los 3 mil 500. El número de heridos cada año oscila entre 200 y 300; sólo el 3% de gravedad.

La posibilidad de tener contacto con el toro hace que turistas de Francia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Italia, Holanda, México, Colombia, entre otros países, vivan y queden contagiados del amor a la vida por medio de la celebración con el toro. La muerte en esta celebración a la vida es parte presente. En aproximadamente 90 años se han dado 15 muertes durante los encierros, donde cientos de miles de personas se han sentido vivos corriendo delante de los toros.

Para rematar con algunas cifras, los Sanfermines generan una derrama económica de alrededor de 253 millones de euros en poco más de una semana. Otro ejemplo de que las tradiciones y el toro dan vida y esencia a los pueblos; respetarlas y difundirlas es derecho y obligación de su gente.

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