Opinión

De escépticos y encuestas

  
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encuesta

“Apliquemos una capa de escepticismo a las encuestas”, sugiere Jesús Silva-Herzog Márquez en su columna del pasado lunes en Reforma. Coincido. El papel público y el desempeño de éstas lo ameritan. Pero agrego que el escepticismo no debe ser momentáneo, sino una actitud constante. Y para ser más útil, debemos aplicarlo a las diversas facetas de las encuestas, no solamente a su hechura, también a su lectura; no sólo a su desempeño sino a su difusión. La cultura de las encuestas no se limita a los encuestadores; es un espacio común en el que periodistas, columnistas, académicos, gobernantes, políticos, usuarios y ciudadanos en general tienen mucho que aportar y mucho que quitar. Aquí algunas reflexiones que me genera el texto de Chucho.

Primero, el texto alimenta la impresión de que las encuestas en nuestro país alguna vez fueron confiables pero han dejado de serlo. Esta impresión es errónea si se considera que las encuestas que arribaron 'como un sacrilegio' a la política mexicana, y que tuvieron un impacto en la apertura política, no eran ni más precisas ni más transparentes que las que se hacen hoy. De hecho, el desempeño de las encuestas preelectorales a nivel nacional ha mejorado a lo largo de los años y los errores (entendidos como la desviación estadística respecto a los resultados electorales) han sido más bajos en las elecciones recientes de lo que fueron en los años noventa. En elecciones estatales, las encuestas muestran un comportamiento distinto: hubo una mejora en precisión respecto a la época 'sacrílega' y posteriormente un deterioro, pero no mayor a los inicios.

En su texto, Chucho sugiere que los derrotados de las elecciones han sido los encuestadores. No. Las elecciones las ganan o las pierden los candidatos y los partidos que los postulan. Las encuestas públicas ganan o pierden credibilidad, tanto la propia como la de los medios y de los periodistas que las difunden (las encuestas de los candidatos triunfalistas suelen olvidarse pronto), pero incluso en esto hay variación. Si el comentario postelectoral se centra, como dice Chucho, en las fallas de las encuestas y no en la interpretación y análisis del voto o de las elecciones, parece que también hay que revisar y criticar al comentario de la manera más sana posible: está fallando.

Chucho da por hecho que las encuestas influyen en el voto de los electores, provocando un comportamiento estratégico en el que se apoya a una segunda opción y no a la preferida, el famoso voto útil. Este pragmatismo, dice Chucho, se basa en las encuestas; pero al ser fallidas, éstas engañan y confunden. Aquí, Chucho decide ignorar una amplia literatura sobre el voto en México que señala que el elector promedio suele guiarse más por afinidades partidarias que por el voto útil, el cual sí se da bajo ciertas circunstancias de competencia y sólo entre un subgrupo de electores. Por cierto, este tipo de hallazgos y generalidades las sabemos gracias a las encuestas. Ahora, piense usted en lo siguiente. Si en noviembre próximo un grupo nutrido de simpatizantes del partido republicano decide votar por Hillary Clinton, ¿hasta qué grado se lo atribuiría usted a las encuestas? ¿Se le sumarían esos electores porque va adelante en las encuestas, o porque va abajo, o por otros factores que no tienen que ver con las encuestas?

Por último, Chucho dice que “en estos tiempos de incertidumbre, las encuestas están lejos de ser la cámara imparcial que retrata con exactitud nuestros humores”. Me queda la duda de si lo cree así porque son tiempos de incertidumbre o porque los humores son cambiantes o porque las encuestas son parciales, o todas las anteriores. Como ejercicios probabilísticos, las encuestas nos ayudan a lidiar con la incertidumbre y a medir humores cambiantes con cierto margen de error; su ética y regulación a fortalecer el tema de transparencia, y su historial de desempeño a identificar la posible parcialidad de algunas de ellas. Como encuestador, sugiero al gremio mirar hacia adentro, las fuentes de error a veces están en casa, no afuera. Como ciudadano, agradezco a comentaristas y periodistas seguir aportando a la crítica de las encuestas, pero me mantengo escéptico ante quienes dicen que éstas son dañinas a la democracia, tema aún no agotado y que seguiremos abordando.

Twitter: @almorenoal

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