Opinión

De conspiraciones y paradojas

 
1
 

 

Escuela. (Cuartoscuro)

No se trata de una conspiración aviesa, armada por los sobrevivientes del Occupy Wall Street, los Indignados o los enemigos jurados del 1 o el 0.1%. En todo caso, habrá que buscar a los culpables en los departamentos de estudios del FMI, la OCDE o la UNCTAD cuyos hallazgos confirman lo dicho por varios analistas desde antes de la reunión de otoño del Fondo y el Banco Mundial: la economía se adentra en una fase de lento crecimiento que parece empeñada en reproducirse como “trampa de estancamiento”, mientras que el comercio mundial llega a sus cuotas más bajas, iguales o por debajo de las de por sí reducidas tasas de crecimiento del PIB global.

No parece haber para dónde hacerse, porque la incertidumbre financiera y la contumacia republicana le han puesto un freno, en lo inmediato infranqueable, a la recuperación americana. Chinos e indios podrán gozar de crecimientos altos, pero por debajo de los registrados apenas ayer, y un velo de ignorancia rodea el futuro más o menos cercano del gran cambio anunciado y buscado por los dirigentes del Estado chino.

El mundo no está al revés, pero la secuela de la Gran Recesión no tenía porque ser la que hoy se sufre y vaticina ya como una tendencia, al menos, de mediana duración. Los temores de Alvin Hansen, memorable pionero de la difusión del pensamiento de Keynes en América, son retomados por quienes desde muy opuestas perspectivas se atreven a buscar los mecanismos internos que determinan la dinámica de una economía que, hasta hace diez años al menos, parecía gozar de cabal salud y disfrutaba de lo que dio en llamarse la “gran moderación” de una globalidad sin aspavientos, con baja inflación y, eso sí, muchas y crecientes ganancias para los pináculos financieros mundiales.

De esas cumbres quedan sus sueños y presunciones, así como su riqueza concentrada, pero no están a la vista “los grandes bulevares” por donde el capitalismo global triunfante pasearía, para forjar un régimen sostenido en la expansión del mercado mundial rumbo a su unificación definitiva, regido por una democracia representativa “liberada de adiposidades corporativas” atribuidas a movimientos sindicales y sociales antisistémicos y nostálgicos social demócratas y demócratas cristianos de las viejas camadas.

Hoy The Economist, haciendo honor a su pasado y su defensa acérrima del libre mercado de granos en el siglo XIX, arremete contra los globalifóbicos que en el mundo ha habido, pone en evidencia sus supuestos o reales despropósitos y llama a combate. Pero los dichos y análisis de los economistas y pensadores de las instituciones de Bretton Woods advierten contra el hiper globalismo, dan cuenta de sus fallas y alertan contra el mantenimiento de una estrategia que, ahora se constata, su calificación como “austericidio” distaba mucho de ser hiperbólica.

Si el mundo y los poderes que lo rigen se abocan a recrear sus memorias para atreverse a evocar una globalidad controlada “inteligente y sensible”, articulada a las democracias nacionales y atenta a los ejercicios soberanos, como ha propuesto Dani Rodrik en su espléndido ejercicio sobre las “Paradojas de la globalización”, está por verse. Como también lo está el hecho de que quizá antes tendremos que afrontar la “tercera fase de la crisis financiera” que, según la UNCTAD, revolotea ya sobre el destartalado sistema financiero y comercial del mundo. Como lo planteara el embajador Jorge Eduardo Navarrete en una reciente reunión del Grupo Nuevo Curso de Desarrollo: “En lenguaje técnico se diría que la economía mundial anda en la cuerda floja —sin red de protección (las tensiones geopolíticas han agujerado la red)”.

Presumir nuestro marco fiscal o la competitividad “imbatible” de nuestras exportaciones, sojuzgadas por el ciclo industrial estadunidense y la debilidad flagrante de las plataformas de exportación, por más que algunos las pretenden blindadas incluso frente a Trump, es engañoso y pueril. Las fuerzas productivas de la industria y las de la política democrática deberían avenirse, pronto, a trazar un nuevo rumbo para el desempeño económico y una nueva ruta para dar protección y seguridad sociales para todos. Empezar por el aumento civilizado del salario mínimo y avanzar en el diseño de una política industrial a la altura de estos tiempos nublados, sería un excelente prólogo.

El Presupuesto propuesto por el gobierno no va en esa dirección, sino en ruta de seguir cavando la “trampa de estancamiento” que con tanta asiduidad se ha construido en los últimos lustros. No sólo recorta a diestra y siniestra sino que, como lo ha demostrado el CONEVAL, afecta gravemente programas específicos directamente vinculados con el desarrollo social en educación, salud, agricultura, desarrollo territorial, etcétera. Los diputados pueden y deben ir al detalle, donde está el diablo pero, también, donde podría estar el hilo de Ariadna que buscamos.

También te puede interesar:

De inserciones y aterrizajes

El sino y el destino

El presupuesto del miedo