Opinión

De comunicación gubernamental

    
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Anthony Scaramucci

El fugaz paso de Antonio Scaramucci como director de Comunicación de la Casa Blanca es una muestra más de lo complejo que es el manejo de la comunicación gubernamental. Según nos dicen informaciones periodísticas, Scaramucci llegó a ese puesto con Trump, por sus comentarios negativos sobre cómo se dirigía la información desde la casa presidencial. Lo convenció de que lo que estaba mal no era su gobierno sino la forma de comunicar. Como es sabido, el tipo entró con un nuevo estilo. Hay que decirlo: Scaramucci realizó un ejercicio posiblemente inédito en la conducción de la comunicación presidencial del país más poderoso del mundo, acostumbrado a una prensa democrática. Insultos públicos, amenazas a periodistas, descalificaciones del equipo presidencial, lenguaje soez y terror laboral fueron algunas de las características de los únicos diez días en que estuvo al frente de la comunicación presidencial. Un desastre más en una administración que está lejos de cumplir el año.

Fue un intento más de Trump para hacer creer que en la alta política se puede improvisar en cualquier terreno. Scaramucci es un financiero que tuvo alguna aparición exitosa en programas de Tv. De ahí a diseñar y ejecutar una política de comunicación hay un gran abismo. Por eso el resultado fue catastrófico. Ni siquiera poner al frente de esa oficina a cualquier destacado periodista garantiza éxito alguno.

La comunicación de gobierno no se trata de salir en la tele o de ser periodista y conocer a los que se mueven en el gremio. Requiere de una combinación de periodismo, mercadotecnia, procesos de la comunicación, relaciones públicas y, por supuesto, conocimiento de la política. Pero más aún, tratándose de un presidente, un ingrediente relevante en esa mezcla es el estilo personal del titular del gobierno. Es más fácil que una personalidad dicharachera y hablantina meta en problemas el seguimiento de cualquier estrategia, que alguien sobrio y disciplinado en el mensaje.

Uno de los problemas que enfrenta el equipo de Trump es que fue un candidato exitoso y que él mismo encarnaba su mensaje de comunicación. Los candidatos cuya personalidad refleja el cambio buscado en las elecciones, resultan malos comunicadores del quehacer gubernamental. Y es que la gente sabe hacer el movimiento de lo que espera de un candidato y de un presidente. Lo que le parece simpático y atrevido en uno, le suena fuera de lugar en el otro. Las exigencias en el candidato tienen que ver con la valentía y con el arrojo, y con el presidente todo tiene que ver con una buena dosis de prudencia.

En nuestro país, los gobernantes confunden con mucha facilidad la comunicación, un proceso de ida y vuelta en distintas plataformas y lenguajes, con la publicidad y la nota pagada. Consideran que la publicidad les quita intermediarios en el mensaje, lo que es cierto, pero olvidan que el mensaje aislado y pagado es poco creíble. Pagar no es comunicar, por eso los presupuestos aumentan año con año. A menor credibilidad, mayor presupuesto publicitario. Y como todos sabemos, Trump no es el único con problemas para comunicarse.

Twitter: @JuanIZavala

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