Opinión

Davos y la Cuarta Revolución Industrial

 
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robots industriales

No se sabe bien cómo nos afectará, no se dimensiona aún su magnitud y no está claro cómo cambiará la estructura de las economías ni la forma de relacionarnos. De lo único que se tiene certeza es de que estamos en los albores de una nueva era tecnológica. Este año la reunión de más de dos mil 500 líderes del mundo en Davos, Suiza, abordará los retos que impone esta Cuarta Revolución Industrial.

La primera fue hacia finales del siglo XVIII y cambió la forma en la que se generaba energía para producir. Esa Revolución Industrial cambió la historia de la humanidad, nos permitió generar energía de forma masiva a voluntad y en consecuencia, cambió la forma de producir y se abrió la puerta a posteriores cambios tecnológicos. La siguiente, hacia 1870, de la mano de la electricidad, cambió la división del trabajo y permitió la producción en masa. El procesamiento de información, el uso de electrónicos y la producción automatizada son características de la tercera, a partir aproximadamente de 1969. Los expertos dicen que los cambios que estamos viviendo hoy en día no son meramente una construcción sobre esta última, sino una nueva era en sí misma. La velocidad del desarrollo tecnológico actual no tiene precedente histórico y está alterando prácticamente todas las industrias en todos los países.

Las revoluciones industriales previas ocasionaron sobresaltos en las sociedades, resistencias, procesos de adaptación, pero sin duda repercutieron en importantes mejoras en la calidad de vida de la gente.

La que viene no será la excepción. Habrá grandes avances en algunas áreas, como la salud, pero ocasionará también grandes rupturas frente a los equilibrios actuales. El Foro Económico Mundial acaba de proyectar la pérdida de 7.1 millones de empleos en los próximos cinco años en las 15 economías más grandes. Esta pérdida de empleos vendrá acompañada de dos millones de plazas nuevas que requerirán personas con diferentes habilidades. El impacto se verá en todas las industrias, aunque probablemente el sector salud, el energético y el financiero, serán los que observen mayores pérdidas en empleos. Sin embargo, esta pérdida vendrá acompañada de un incremento en la demanda por trabajadores con otras habilidades.

Los mercados laborales se verán obligados a cambiar al ritmo de la tecnología. Algunos empleos desaparecerán y surgirán otros que ni siquiera imaginamos ahora. La desigualdad existente puede exacerbarse. El desplazamiento de trabajadores por máquinas o por procesos automatizados hará que la disparidad entre el pago al capital y el pago al trabajo se vaya haciendo mayor. Y al final del día, el factor de producción relevante será el talento, el capital humano capaz de asimilar el cambio tecnológico.

En Davos se hablará del reto que esta Cuarta Revolución Industrial representa para los gobiernos. Solemos observar que la regulación siempre va pasos atrás de los cambios tecnológicos. En un momento donde se esperan cambios a un ritmo exponencial; el reto que esto representa para la regulación es mayúsculo. ¿Cómo se adaptarán los procesos regulatorios, las negociaciones burocráticas, a realidades que probablemente no entiendan del todo y que cambian continuamente?

El Foro Económico Mundial ha enlistado las diez principales habilidades que serán necesarias en el entorno laboral de 2020. No es que no lo sean hoy, pero la importancia relativa es distinta. Las tres primeras son: la resolución de problemas complejos, la capacidad de pensamiento crítico y la creatividad. Pero atrás de estas habilidades se está suponiendo que la gente tiene conocimientos y habilidades tecnológicas.

Desconozco la magnitud de esta nueva revolución industrial. No alcanzo a dimensionar los retos que implicará para las sociedades y para sus gobiernos. Lo único que sí me queda claro es que no estamos listos para hacerle frente.

Hace algunos años un candidato a la presidencia de México hablaba en su campaña política de la necesidad de enseñar inglés y computación a todos los niños del país. Era una de sus principales banderas. Recuerdo las burlas y la mofa de los otros candidatos. Ya pasó toda una generación: 16 años después ni inglés ni computación.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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