Opinión

Datos para el optimismo

Davos.– ¿Existen razones para mantenerse optimistas respecto al futuro, o más bien hay elementos para fundamentar nuestro pesimismo?

El tema de este año, de la reunión del Foro Económico Mundial de Davos es “El nuevo contexto global”.

No hay duda que tenemos un nuevo contexto. El mundo, la economía y la política lo están construyendo.

De este nuevo contexto, ¿podemos esperar una era de crecimiento y desarrollo? ¿O traerá consigo tiempos tormentosos que van a hundirnos en una crisis prolongada llena de conflictos?

Aunque los hechos del día a día pueden hacernos pensar que la economía va mal y que los problemas se multiplican, la realidad es que a nivel internacional estamos en condiciones de tener el mayor crecimiento de la historia.

Permítame referir un par de cifras que ubiquen esta afirmación.

Entre 1980 y 2013, la población mundial pasó de cuatro mil 453 millones de personas a siete mil 289 millones. Esto significa un crecimiento de 63.6 por ciento.

La producción mundial, medida a través del crecimiento mundial del PIB a precios constantes, lo hizo en 217 por ciento para el mismo periodo.

De esta manera, el PIB por persona creció 93.7 por ciento en términos reales en estos 33 años, lo que significa un alza constante de 2.0 por ciento por toda una generación.

Y esto a pesar de las depresiones y crisis que se han atravesado en el camino.

La realidad es que estamos en una era en la que, como nunca, se han mejorado los niveles de vida de la población mundial. Ello, desde luego, no quiere decir que no haya cientos de millones en la pobreza extrema y muchos más en una situación de gran vulnerabilidad. Además de la prevalencia de profundas desigualdades en el mundo.

Sin embargo, cuando se mira el largo plazo, se pueden ver perspectivas diferentes.

Además de este crecimiento, también estamos viendo una tendencia a la globalización y al “acercamiento”. Esto genera oportunidades y riesgos.

La oportunidad es que hoy como nunca es posible llevar la tecnología, y con ello la productividad y la capacidad de aumentar el nivel de vida, a muchos lugares donde antes ni siquiera se podía soñar en hacerlo.

Pero al mismo tiempo, “la revolución de las expectativas”, ese concepto de David Konsevik, genera frustración, a veces desesperanza y en otras, furia.

Sin la cercanía del mundo, el semanario Charlie Hebdo jamás habría sido víctima de un ataque como lo sufrió.

Pero sin ella, quizás millones y millones de personas seguirían sumidos en la ignorancia y la pasividad.

Siempre hay la tentación de ser pesimistas. Los problemas, como lo vivimos en el día a día, de cerca y en toda su magnitud, se ven gigantescos y parece que no tendremos manera de hacerles frente.

En la perspectiva de largo plazo, las cosas pueden verse de manera diferente. Nunca el mundo había crecido como en las últimas décadas, nunca tantos habían abandonado la pobreza extrema en tan pocas décadas.

Hay que aprender la paciencia de los orientales en medio de la locura de la actividad del mundo occidental.

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