Opinión

Darnos atole con el dedo es peligroso e irresponsable

 
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CONTAMINACION

Cuando la revista inglesa The Economist dijo sobre la administración de Enrique Peña Nieto que “no entienden que no entienden” (they don’t get that they don’t get it) hizo una afirmación profundamente cierta, pero no suficientemente amplia. No sólo Peña Nieto y PRI no entienden, tampoco el PAN cuando se une al PRI y Verde en un nefasto esfuerzo por ningunear a 630 mil ciudadanos que reclaman lo elemental: transparencia.

Que funcionarios públicos se quejen de la pérdida de privacía implícita en la 3de3 es como si alguien que requiere de una cirugía urgente se rehusara a desvestirse por recato. A veces, medidas indispensables, y el bien común en este caso, requieren de niveles de compromiso incómodos. Si quieren ser funcionarios 'públicos', recibiendo recursos 'públicos', requieren someterse a escrutinio 'público'; tan simple como eso.

Pero tampoco entiende el gobierno perredista de la CDMX. La crisis ambiental que padece la capital es producto de décadas de malas políticas, populismo y, sobre todo, de pésimos gobiernos. La falta de inversión en infraestructura es vergonzosa, el contubernio con la mafia del transporte público, los taxis 'piratas' de López Obrador, la tolerancia a marchas absurdas que paralizan la ciudad, la falta de regulaciones básicas (¿por qué las gasolineras no tienen equipo para recolección de gases?), y el abuso de un Hoy No Circula que simplemente hace que quienes pueden compren automóviles adicionales (más contaminantes) para circular; son todas muestras de gobiernos mediocres, en el mejor de los casos, y profundamente corruptos, en el peor.

Pensar que la solución está en mesías como López Obrador o independientes como El Bronco es inocente. Nunca he entendido por qué no preguntamos más de qué carambas vivió AMLO en años previos al registro de Morena, o que nadie indague sobre los abundantes recursos que obtuvo por 'giros negros' y por miles de taxis 'piratas' aprobados urgentemente justo antes de dejar el gobierno de la CDMX.

La inseguridad vuelve a hacer su nefasta aparición en Monterrey, ciudad que se ha estado recuperando de su crisis en forma admirable, y el gobernador decide viajar a Nueva York, para ir allanando su camino a una candidatura presidencial. El Bronco no entiende que su mejor credencial provendría de logros reales y estructurales en la gubernatura de uno de los estados más importantes del país.

¿Cómo podemos hacer que nuestros políticos “entiendan”? La solución tiene dos elementos claros. Primero, limpiemos la política, para atraer a ciudadanos talentosos que hoy, ni locos, considerarían un puesto público, ante el escepticismo realista de que podrían provocar cambios reales, en medio de un entorno tan profundamente sucio.

No nos engañemos. Como sociedad, nada es más importante que impulsar con vehemencia una lucha frontal contra los cuatro jinetes del Apocalipsis a los que aludió Enrique Krauze en su reciente ensayo en Letras Libres: corrupción, impunidad, inseguridad y violencia.

Corremos dos riesgos igualmente peligrosos. Primero, que el país caiga en manos de un populista alternativo a los políticos que “no entienden” y siguen tratando de regresar a un pasado que ya no existe. Cada vez que digo esto, se lee como ataque a López Obrador, pero él no es al único populista con pasaporte mexicano. Nadie pensaba en Trump o en Sanders como políticos viables hace un par de años, y hoy ambos han asumido posiciones de poder, e ideologías muy peligrosas. Segundo, que la influencia del crimen organizado se vuelva determinante en nuestra operación política, y que temas de violencia o de derechos humanos simplemente imposibiliten el desarrollo del país y acabemos en una espiral sin control, como le ocurrió a Colombia, o le ocurre a Venezuela. Sí, tenemos instituciones más fuertes que estos últimos, pero ciertamente no estamos haciendo nada para fortalecerlas y empoderarlas.

Nunca he entendido por qué es tan fácil para la sociedad mexicana criticar desde la tribuna y sentirse víctimas y no parte del problema, sin realmente tomar riesgos, ensuciarse las manos, e involucrarse en los procesos. Tenemos un sólo país. Éste está hoy mucho mejor de como estaba hace veinte años, sería difícil comprobar lo opuesto. Pero, como todo país de ingreso medio, se requerirá de un colosal esfuerzo social para fortalecer instituciones que incrementen sustancialmente nuestra posibilidad de progreso, o incluso de mantenernos como estamos. Hoy ni siquiera tenemos un sistema judicial que castigue conflictos de interés. Miles de funcionarios corruptos, y de ciudadanos que los corrompen, gozan impunemente de los frutos de sus funestas acciones, mientras que miles de mexicanos pobres pueblan un sistema penitenciario de vergüenza, simplemente porque no cuentan con los recursos para exigir debido proceso. Además en un entorno de bajo crecimiento, la asignación eficiente de recursos escasos es crucial. La excesiva corrupción la impide.

Exijamos una sesión extraordinaria en el Senado. Pero, sobre todo, dejémosle claro a PRI, PAN y secuaces, que su irresponsabilidad les saldrá cara en las urnas. Las 630 mil firmas son sólo el principio, necesitamos involucrarnos con mucho mayor determinación.

Twitter: @jorgesuarezv

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