'The Nile Hilton Incident', Mankell en El Cairo
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

'The Nile Hilton Incident', Mankell en El Cairo

COMPARTIR

···

'The Nile Hilton Incident', Mankell en El Cairo

11/05/2018
Actualización 11/05/2018 - 15:33

The Nile Hilton Incident ocurre en Egipto (evidentemente), pero su pulso y ciertos elementos de su género son de otros rumbos. Su director es mitad sueco y la película está producida en buena parte por escandinavos. Su protagonista podría haber salido de una novela de Jo Nesbo o de Henning Mankell, al igual que la trama: un thriller sobre un detective que intenta resolver un crimen alrededor del cual pululan inmigrantes, policías, poderosos y, por supuesto, una femme fatale. La única diferencia es que, en vez de los pueblos gélidos de Noruega o Suecia, The Nile Hilton Incident se lleva a cabo entre el caos, las sombras y los arrabales de un El Cairo contaminado y a punto de estallar.

El año es 2011, a poco tiempo de iniciarse la revolución egipcia que derrocó al régimen de Hosni Mubarak. El detective Noredin Mostafa (Fares Fares) se dirige al hotel Hilton, donde acaban de hallar el cadáver de una cantante. A pesar de que todas las pruebas apuntan a un caso que en un país de primer mundo probablemente se resolvería sin chistar, sus jefes y las autoridades están dispuestos a que Noredin abandone la investigación a cambio de dinero. Harto de aceptar 'mordidas', el detective se empeña en arrestar al posible culpable: un empresario, aliado del poder.

Gran parte de la efectividad de la película se debe a la actuación de Fares, cuyo peculiar rostro parece sacado de un libro de Astérix. No hay, sin embargo, un ápice de caricatura en su interpretación de un detective silenciosamente frustrado con la corrupción ubicua de su país, un clima que seguro le resultará familiar al espectador mexicano.

Saturada de esmog y polvo, la atmósfera de la película presenta a un El Cairo que dan pocas ganas de visitar, pero que funciona como manifestación física de la podredumbre de su sociedad. Estos aciertos, por desgracia, están al servicio de una trama cuyos tintes escandinavos también la condenan a una irremediable predictibilidad: cualquier espectador o lector mínimamente avezado verá los giros de tuerca venir a millas de distancia. No ayuda una estructura fragmentada, donde las escenas no parecen concatenarse entre sí. La idea es quizá dislocar al espectador y contagiarlo de la confusión de Noredin. Yo hubiera preferido una experiencia menos convulsa. Tampoco convence que los subtextos del guion se expresen con brocha gorda. “¿Crees que estás en Suiza? Aquí no hay justicia”, le grita un personaje a otro hacia el final.

Este diálogo dice mucho del defecto central de la película. The Nile Hilton Incident es burda cuando debería ser sutil y es esquiva cuando debería optar por la claridad. De cualquier forma, el experimento –llevar un género tradicionalmente escandinavo a un lugar tan distinto a Noruega– es sin duda atractivo. Eso, y el rostro de Fares, ameritan el boleto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.