Opinión

Curioso pero ambas fechas, de Independencia y Revolución, fueron en domingo

La guerra de Independencia de México tuvo inicio un día domingo. Curiosamente la Revolución de 1910 comenzó también en ese mismo día de la semana, porque fue domingo el 20 de noviembre. En el primer caso, así fue necesario porque los acontecimientos se tuvieron que precipitar al ser descubierta la conspiración y ya no hubo más remedio que proceder al levantamiento. En el segundo, así estuvo planeado y avisado públicamente, a grado tal que varios historiadores consideran gran ingenuidad la de Madero al dar a conocer la fecha ¡y hasta la hora! en que daría inicio el movimiento armado: el domingo 20 de noviembre de 1910, a la seis de la tarde.

Pues bien, el movimiento de Independencia no tuvo más salida que dar inicio la madrugada del domingo 16 de septiembre de 1810, a pesar de que la fecha prevista era otra. Pasado mañana se cumplen 204 años. Se sabe que la fecha en que se planeaba el estallido era el 1 de octubre, de acuerdo a la versión de José Ma. Luis Mora. Pero también se conoce lo escrito por Fray Servando Teresa de Mier, quien afirma que iba a ser el 1 de noviembre.

El haber adelantado el arranque de la revuelta tal vez influyó demasiado no sólo en la duración que tuvo el movimiento, finalmente más de una década, sino también en el sesgo que tomó en perjuicio del país. El citado José Ma. Luis Mora, en su libro México y sus revoluciones, para sorpresa de no pocos, escribió al respecto lo siguiente: “La revolución que estalló en septiembre de 1810 ha sido tan necesaria para la consecución de la Independencia, como perniciosa y destructora del país. Los errores que ella propaga, las personas que tomaron parte o la dirigieron, su larga duración y las medidas de que echó mano para obtener el triunfo, todo ha contribuido a la destrucción de un país que en tantos años, como desde entonces han pasado –un cuarto de siglo, pues esto lo escribió Mora en 1836-, no ha podido aún reponerse de las inmensas pérdidas que sufrió”.

No sólo fue Mora quien razonó así. También Lorenzo de Zavala, yucateco -e igualmente liberal- se refirió en su mismo tiempo al tema y en el mismo tono. Lo hizo en el contexto de su crónica en torno a la gran derrota que las fuerzas insurgentes, calculadas en cien mil hombres, cifra aparentemente exagerada, propinaron al Ejército Realista en la célebre batalla de Las Cruces, en las goteras de la ciudad de México, el 30 de octubre de 1810, victoria que preparaba el golpe definitivo sobre la capital y que Hidalgo no se atrevió a dar.

En efecto, en su Ensayo Histórico de las Revoluciones en México desde 1808 hasta 1830, publicado en 1832, es decir, cuatro años antes de la aparición del libro de Mora, Zavala plantea a propósito de lo arriba señalado, que “…Hidalgo operaba sin plan, sin sistema y sin objeto determinado. ‘Viva nuestra señora de Guadalupe’ era su única base de operaciones: la bandera nacional, en que estaba pintada su imagen, su código y sus instituciones”.

Contundente, Zavala escribió de Hidalgo que “No sabía qué hacer en medio de la confusión y gritería que lo rodeaba. Allende tenía más disposición: pero ni era escuchado, ni su capacidad estaba tampoco a la altura de nuevas exigencias. Muy fácil es poner en combustión un país –continúa Zavala- cuando hay elementos de discordia; pero las dificultades de su reorganización son indefinidas; sin embargo, muy poco se necesita saber para aprovecharse de unos momentos tan preciosos, de una ocasión que no se volvería a presentar”. Hasta aquí Zavala y su lección, en doble sentido, sobre la historia del movimiento de Independencia.