Opinión

¿Cumple Carstens con lo que se requiere para ser ratificado?

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Carstens

No lo parece de entrada. Algún despistado o ingenuo podría apuntar que la inflación ronda la meta del Banco de México (alrededor de 3.0 por ciento). También, que las tasas de interés están en mínimos históricos, ayudando a que el crecimiento sea menos paupérrimo. Además, que Agustín Carstens mantiene una relación tan discreta como fluida con el empresariado nacional. Por otra parte, aducir que acaba de alcanzar otra cúspide en el ámbito global al ser nombrado titular del Comité Monetario y Financiero Internacional, el principal cuerpo asesor del FMI. Es, pues, respetadísimo en las esferas económico-financieras nacionales e internacionales.

Prendas importantes, sin duda, pero al cabo secundarias. En cualquier otro país la ratificación del titular del Banxico se daría por descontada. Pero ya se sabe que como México no hay dos (sobre todo para lo malo). A fines de año la decisión recaerá en Enrique Peña Nieto, quien en estas cuestiones es todo, menos previsible. En muchos nombramientos peñistas la cercanía ha primado por sobre la eficacia, la amistad por encima del conocimiento, o la lealtad ha sido más importante que la capacidad. Nombramientos recientes en el Poder Judicial y el propio sector financiero muestran que los criterios presidenciales se enmarcan en una mentalidad de búnker, cuanto más en los tiempos recientes en que un Peña perplejo es incapaz de desentrañar su impopularidad. Uno de sus mecanismos de defensa ha sido no buscar nuevos y competentes aliados, sino cerrar todavía más el círculo que lo rodea.

En ese sentido, Carstens tiene un pecado de origen bicolor (blanquiazul). Fue un destacado subsecretario de Hacienda con Fox, alcanzando la titularidad de la dependencia con Calderón, y de ahí regresando al Banco de México, para presidirlo. Una evolución que causaría animadversión en cualquier hombre cuyo prisma es netamente personalista y partidista. El presidente ha mostrado y demostrado que su óptica es que un cargo puede ser un premio (no es casual la visión patrimonialista que algunos de sus colaboradores han desplegado en sus cargos), no necesariamente un encargo de trabajo.

Por otra parte, Peña puede pensar (como lo hizo Calderón al negarle la reelección a Guillermo Ortiz en 2009) que tiene a una persona idónea (y más cercana) para ocupar el cargo: José Antonio Meade, actual titular de Relaciones Exteriores, pero con una larguísima y distinguida trayectoria en el sector financiero. El abultadísimo CV de Meade Kuribreña incluye, además, haber sido titular de tres dependencias federales, destacadamente Hacienda. Con todo, nunca ha sido funcionario del propio Banxico.

De presidirlo, sólo tendría como antecedente moderno en ese sentido a Carlos Tello Macías. Pero el punto central no son los abundante méritos (y cercanía) de Meade, sino el excelente desempeño carstensiano. El resultado de la batalla entre ambos factores en el ánimo peñista tiene pronóstico reservado.

Twitter: @econokafka

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