Opinión

Cultura y corrupción

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó la entrevista que Jacobo Zabludovsky le hizo al presidente Peña en el Palacio Nacional. Gamés no amarra navajas, mju, pero, ¿por qué un día seis periodistas entrevistando al presidente y otro día uno sólo? Comuníqueme con López. ¿David? Gamés no entiende nada de todo y nada de nada. Desde luego, las respuestas de Peña Nieto se convirtieron en la primera plana de El Universal, la casa periodística de Jacobo Zabludovsky.

Gilga ya sabe que lo cortés no quita lo Cuauhtémoc, pero diantres: “Señor presidente Enrique Peña Nieto, gracias por darme esta entrevista y por dármela en Palacio Nacional”. Ah, el peso de los símbolos; claro, si la entrevista hubiera ocurrido en el Estadio Azteca el principio se habría escrito así: “Señor presidente Enrique Peña Nieto, gracias por darme esta entrevista y dármela en el Estadio Azteca”.

Para abrir ojos, o boca, como se diga, Jacobo le recuerda a los lectores y al presidente que el problema de México es la pobreza. He aquí un periodista que sabe que en boca abierta se salen las moscas: la pobreza es la pobreza y yo no me arredro ante el señor presidente Enrique Peña Nieto.

Corrupción


Muy pronto la entrevista derivó al tema del combate a la corrupción. El presidente Peña insiste en que la corrupción en México “es un problema de orden cultural, que no privativo ni del ámbito público, sino también está en el ámbito privado, que está en la vida de la sociedad”. Gil tropezó con algunas palabras: ¿no es privativo de lo público y lo privado que la corrupción esté en la vida de la sociedad? Ups, parece un trabalenguas, pero no nos detengamos en pequeñeces.

Dice el presidente: “He señalado también que no es privativo de México. No sólo se da aquí. Se da en todos los países de la humanidad”. En un gesto que Gil había olvidado, se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: la humanidad es grande y el consuelo de muchos no desaparece el problema, pero en fon.

Si la corrupción es un “problema cultural”, ¿cómo rayos vencerla? O sea, ¿el sarape de Saltillo, el tequila 100% de agave, el mole de guajolote, la pirámide del Sol de Teotihuacán y la corrupción forman un mismo conjunto? Eso sería terrible pues para desaparecer a la transa tendríamos que acabar con una parte de nuestra cultura.

Los libros de historia darían noticias como ésta: la corrupción y el tequila desaparecieron en el año 2016. Nadie más recibió mordida en México a partir del momento en el cual se derruyó la pirámide del Sol. Para beneplácito de los adoradores de la cocina internacional, el mole de guajolote nunca más se sirvió en la mesa mexicana y nadie volvió a ofrecer el 15 por ciento sobre el total contratado a una empresa internacional para buscar petróleo en aguas someras y recibir dinero ilícito.

Condición humana

El presidente Peña Nieto le ha dicho a Jacobo: “es claro que es un problema de la condición humana, de la condición cultural y tenemos que hacer un esfuerzo para combatirlo a través de la prevención, de inhibir prácticas de corrupción, desincentivar aquellos espacios donde se propicia la corrupción”. Cierto, menos filosofía y estudio de la condición humana y más leyes y castigo a los corruptos. Comuníqueme con un gobernador, con un presidente municipal, con un empresario, no importa el orden. Gil les va a informar que se van a desincentivar (gran verbo) sus cargos, oficios y beneficios.

Enrique Krauze ha escrito en su periódico Reforma que “el gobierno ha dicho que espera un flujo de 101 mil millones de dólares en inversiones relacionadas al sector energético en los próximos cinco años” (Las reformas y el desánimo, 14 de septiembre de 2014). Caracho, reparó Gamés, eso no va a ser una danza sino una orgía de los millones.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco con paso cansino, y como si acabara de cumplir 102 años farfulló: ¿alguien podrá detener esa parte de la condición humana que consiste en robar en México sin castigo alguno? Ah, sentenció Gamés con gran pesimismo; nada es fácil, todo es muy difícil.

La máxima de Blaise Pascal espetó dentro del ático de las frases célebres: “Lo último que uno sabe es por dónde empezar”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX