Opinión

Culpables del desempleo

     
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Trump y Ryan

¿Somos culpables de la desocupación en Estados Unidos? ¿Es cierto, como sostiene Donald Trump, que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) le ha quitado a su país miles de empleos? Pues sí, es verdad, pero hay que entender cuándo, dónde, cómo y por qué.

En economía, como en otras áreas, cualquier decisión que tomemos tiene ventajas y desventajas, ganadores y perdedores. Eso es inevitable.

Por eso, además de buscar que los beneficios sean superiores a los costos, tratamos de atenuar éstos lo más posible.

El libre comercio es un buen ejemplo de ello: abrir las fronteras a las importaciones perjudica a algunos productores, al someterlos a la competencia, y beneficia a otros, al permitirles llegar a nuevos compradores.

Hay agricultores y fabricantes que son felices con un mercado cautivo al que le pueden vender a sobreprecio, sin tener que preocuparse por modernizar sus procesos o mejorar sus productos.

Hay otros, con más visión y audacia, que quisieran poder llevar lo que elaboran a clientelas más amplias, aunque ciertamente más exigentes.

Retirar las restricciones al intercambio mercantil tiene siempre un lado negativo: va a sacar de la jugada a los que se amparaban con esas barreras. Eso lo entendían perfectamente Canadá, Estados Unidos y México cuando firmaron el TLCAN.

El cierre de empresas improductivas y la consiguiente pérdida de empleos no fue una sorpresa.

Se anticipó y se suponía que cada uno de los socios haría lo conducente para paliar esa complicación.

Lamentablemente, a lo largo de más de dos décadas en los que el Tratado ha tenido vigencia, hicieron muy poco.

De los tres, Estados Unidos es el que más experiencia tiene en destrucción creativa y el que históricamente más había experimentado el desplazamiento de empleos en el sector de las manufacturas.

Por ejemplo, a consecuencia de la Gran Depresión, las grandes factorías de hilados y tejidos de Boston y sus alrededores tuvieron que trasladarse a Portland (Maine), donde podían encontrar obreros dispuestos a laborar con sueldos menores.

A fines de 1947, nuevamente entraron en crisis y se fueron a Carolina del Sur. Al empezar este siglo, parecía que serían arrasados por las importaciones de China y Vietnam, pero un esfuerzo por actualizarse (y la ayuda del gobierno) les ha permitido sobrevivir.

Nosotros vimos como muchos patrones de las industrias zapatera, textil y del vestido cerraron sus fábricas y se volvieron distribuidores de artículos asiáticos, que ni siquiera son de mejor calidad.

Lo que sí exportaron esos malos empresarios fue mano de obra, parte de la cual, irónicamente, acabó trabajando en textileras de… Carolina del Sur.

En Estados Unidos el impacto del TLCAN en el empleo, particularmente en el manufacturero, no ha sido muy grande porque, para empezar, después del esfuerzo militar de la Segunda Guerra Mundial, en que llegó a representar 38 por ciento del total, ese sector ha absorbido sólo una quinta parte de la ocupación.

Se calcula que, fundamentalmente por el incremento de las importaciones chinas, durante los ocho años del gobierno de Obama se perdieron unos seis millones de plazas de este tipo, lo que no parece mucho si se considera que la fuerza de trabajo llega a 150 millones, y al mismo tiempo se crearon miles de nuevos puestos en otros sectores (como agricultura y servicios), muchos de ellos gracias a las exportaciones… y a las importaciones (transporte, logística y comercio al menudeo).

El problema es la concentración. De los 12 millones de empleos generados por las exportaciones en ese periodo, la mayoría se fue a diez estados.

Igualmente, los empleos perdidos están aglutinados en unas pocas ciudades, en las que el cierre simultáneo de plantas ha tenido un efecto devastador.

Todo eso se había previsto, pero la reacción del gobierno americano fue lenta e insuficiente, particularmente en la administración anterior.

La red de protección social (seguro de desempleo, salario mínimo) no se activó. El paquete de ayuda a los perdedores (Trade Adjustment Assistance) sólo llegó a la mitad de los afectados y los programas de reentrenamiento fueron más bandera de campaña que realidad objetiva.

Miles de obreros despedidos no tuvieron mejor opción que aceptar puestos mal pagados en el sector servicios. Ellos culpan de su situación a China, Corea del Sur o México. Deberían de voltear hacia Washington.

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