Opinión

Culpable de no disculparse

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Dado que muchos de los que opinamos en las columnas de diarios somos, o hemos sido, gente que tiene, o ha tenido, reporteros a su cargo, comienzo esta entrega con una situación hipotética que se parece a la realidad, aunque puede ser que sólo se parezca a mi percepción de la misma.

Digamos que llega un reportero y nos dice: “mira, la noticia es que si ella se hubiera disculpado, nada de esto hubiera pasado”.

Estoy seguro de que varios de quienes han escrito tal cosa, o una similar, mandarían de regreso a la escuela al reportero; así lo harían porque el periodista no habría apreciado que la situación es mucho más compleja, e interesante informativamente hablando, cuando se le ve con detenimiento.

Quienes han dicho que la periodista a la que le quitaron indebidamente su espacio (la empresa pasó por encima de un contrato vigente) tiene parte de la responsabilidad de lo que le pasó el domingo (cuando el corporativo anunció que salía del aire), no quieren ver que ellos rechazarían una narrativa tan reduccionista y poco avezada de este episodio donde están, es cierto, en pugna varios derechos.

Es preciso regresar al inicio para que al menos partamos de los mismos hechos a la hora de tratar de sacar conclusiones. Cabe aclarar que todo lo que aquí se comenta es a partir de información pública.

La noche del martes, muy tarde, la empresa emitió un comunicado donde se denunciaba “abuso de confianza” de aquellos que habían ligado a Noticias MVS a la plataforma MexicoLeaks. Es decir, la concesionaria se tomó 14 horas para pronunciarse sobre algo que había sido emitido, profusamente, en su propia estación, en el noticiero estelar, a las 8 de la mañana. Más tarde, ese comunicado saldría insertado mediante pago en importantes diarios.

Al día siguiente, a partir de la primera hora del programa de la periodista, y durante la jornada, la emisora utilizó el espacio público para dar radiodifusión a lo que en otras circunstancias habría sido, en el mejor de los casos, un memorándum interno.

Esos dos hechos, si bien no necesariamente inéditos (en México no es nuevo que medios electrónicos usen lo que les fue concesionado para ventilar su agenda privada), fueron respondidos por la periodista con una declaración donde se dijo sorprendida, sin salirse de tono agregó que esperaría a ver “de qué se trata, de dónde viene, cuál es el trasfondo de un mensaje con estas características”.

Hay quienes dicen, o piensan, que en vez de fijarnos, como observadores públicos, en la operación montada durante varios días por la empresa para divulgar sus posturas (desplegados en los más importantes diarios nacionales, tuits en la cuenta oficial, spots cada hora), hay que reparar en el hecho de que la periodista falló en, de saque, no disculparse.

Según está lógica, lo que un jefe, líder, ejecutivo, mando, gerente, director o simple profesional debe responder ante una andanada como esas, no es el pensar “más allá del mensaje, qué me están diciendo con la forma en que me están enviando ese mensaje”. No, lo que según este punto de vista tocaba en este caso concreto era que ella adelantara una disculpa por la eventual –no me consta– falla de no haber comunicado a los directivos de la empresa que ese equipo iba a sumarse a una plataforma electrónica para allegarse de más información, cosa que por cierto es, no lo olvidemos, su obligación primaria.

La acusada es culpable de no disculparse y de, con ello, generar nuevos desplegados, nuevos spots, el despido de dos reporteros, el suyo propio y el de más de una veintena de periodistas y colaboradores (incluido quien esto escribe). Menudo análisis.

Twitter: @SalCamarena

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