Opinión

Cuidado, Trump no es un ocurrente

 
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Trump calificó como una vergüenza la decisión de Ford de invertir mil 600 millones de dólares en México. (Bloomberg)

Donald Trump es despreciable, pero no está seduciendo a sus millones de seguidores con engaños propios de una campaña electoral. La sicología de masas ha demostrado que la conducta de la sociedad tiene móviles mucho más profundos que una supuesta ingenuidad que pueda ser manipulada desde el poder.

El modo racista, xenófobo, misógino y homofóbico hace aparecer a Trump como un demagogo sin conciencia y un mentiroso compulsivo que ha sorprendido a todos por lo lejos que ha llegado, pero también como un improvisado de quien pocos creen que el sistema establecido le permitirá llegar a la presidencia de Estados Unidos.

Cuidado, Trump tiene un arma política muy poderosa en sus manos, que es el haber logrado canalizar la gran hostilidad social provocada por el desmantelamiento neoliberal del bienestar de los trabajadores. Eso no lo consiguió por su buena suerte, lo hizo porque su equipo estudió las causas a las que la gente le atribuye su malestar.

Los millones de estadounidenses que tienen empleos mal pagados e inestables, no le echan la culpa al neoliberalismo que precariza el trabajo, sino a los inmigrantes, a la desindustrialización que habrían provocado los tratados de libre comercio y al gasto en la defensa militar de otros países que le resta recursos al país.

Son tres de los temas recurrentes sobre los que Trump ha ofrecido mejorar las condiciones de los trabajadores estadounidenses; quien sea presidente, no podrá eludirlos: no quepa duda de que Clinton o Trump combatirán la inmigración, revisarán los tratados de libre comercio como el TLCAN y probablemente hasta le exigirán a la OTAN y países como Japón que paguen renta por las fuerzas militares.

Son tres temas exacerbados por uno solo, que es que por primera vez los trabajadores no tienen un futuro mejor que el de las generaciones precedentes. De ello son responsables los gobiernos republicanos y demócratas de los últimos 30 años.

Ambos partidos son promotores de un sistema económico manejado por los mercados y las finanzas, con mínimas regulaciones para permitir que ganen los más eficientes, los que merecen ganar, a quienes las legiones de perdedores identifican y se refieren a ellos como el 1.0 por ciento de las familias.

Al mismo tiempo que los mercados producían masas de perdedores, ambos partidos favorecieron la privatización de los servicios públicos y el achicamiento de las redes de seguridad social, inclusive los demócratas de la era Clinton hasta Obama.

Hilary Clinton representa a esos demócratas, que son vistos desde posiciones progresistas como hipócritas; así los considera Bernie Sanders, quien por eso se niega a declinar en sus aspiraciones de ganar la candidatura y quiere llegar a la convención demócrata.

La principal fuerza que puede arrebatarle el triunfo electoral a Trump para entregárselo a Clinton es la de las corporaciones transnacionales, beneficiarias de la globalización neoliberal cuyo descomunal enriquecimiento no sólo ha sido tolerado sino propiciado por republicanos y demócratas.

Como sea, Trump ya cambió la agenda exterior de quien encabece el futuro gobierno de Estados Unidos. Para México significará presiones moderadas o radicales en asuntos migratorios y sociales, productivos, comerciales y financieros. Un gobierno nacionalista aprovecharía la ocasión para revisar la anhelada integración de nuestro país a 'Norteamérica', que nuestros gobiernos persiguen desde el salinato.

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