Opinión

Cuidado con el optimismo exagerado

 
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Quintana

En México tenemos la propensión a irnos a los extremos. A veces unos cuantos signos positivos conducen a hacer fiestas y en otras ocasiones un par de problemas nos hacen tirarnos al piso.

Esta administración ha sido la prueba de ello.

Sus primeros 18 meses fueron caracterizados por el triunfalismo. Parecía que con las reformas estructurales que se procesaron en el Congreso, se iban a solucionar los grandes problemas nacionales. Y ¡sorpresa!, nos dimos cuenta que allí seguían.

los años que siguieron parecieron dar la imagen de que estábamos en el peor país del mundo, el más corrupto, el más inseguro, el más injusto.

Y no sólo los mexicanos nos comportamos así, sino que logramos que nuestros estados de ánimos tan fluctuantes los tengan también los inversionistas foráneos que colocan recursos en papeles mexicanos.

Ayer el dólar estuvo en algunos momentos en 17.48 pesos en su cotización interbancaria, cuando en febrero había llegado a 22.

Entre mayo de 2016 y febrero de este año el dólar se encareció en casi 28 por ciento. De entonces a los mínimos a los que llegó el miércoles, cuando se cotizó en 17.45 pesos, la ganancia ya es de 20 por ciento.

Ni en el arranque del año había razones objetivas para una depreciación tan importante, ni ahora hay motivos suficientes para pensar que las amenazas que teníamos ya se han conjurado.

El secretario de Hacienda, José Antonio Meade, sistemáticamente ha señalado que aún existen posibilidades de que tengamos episodios de volatilidad.

Más allá de la opinión de Meade, diversos análisis, como el de Bank of America que se difundió ayer, han señalado que no hay un cambio en las condiciones objetivas que justifique una apreciación del peso tan fuerte como la que vimos el último mes.

El panorama económico y financiero que tenemos frente a nosotros tiene claroscuros.

La economía de Estados Unidos crece menos de lo que se esperaba y eso va a afectar a las exportaciones mexicanas.

El crecimiento de este año, aun en los escenarios optimistas, estará en 2.0 por ciento, por debajo de lo registrado en 2016.

Y el mercado interno, percibido por la gente de manera más directa e inmediata, apunta claramente a la desaceleración.

Pero, al mismo tiempo, los efectos de largo plazo de la reforma energética pintan mayores incluso a los de los escenarios optimistas. El potencial que parece detectarse en Yucatán cambia los parámetros del futuro mexicano en materia de hidrocarburos.

Igualmente, la perspectiva de las calificadoras parece apuntar a una perspectiva fiscal mucho más favorable que la prevista hace un año.

Y, quizá lo más importante, es que factores como la negociación bilateral con Estados Unidos y el proceso electoral mexicano, probablemente produzcan fases de incertidumbre que eventualmente pueden expresarse en alzas en la cotización del dólar.

La economía mexicana y sus finanzas públicas siguen con vulnerabilidades. Algunas de ellas derivan del hecho de que Trump sea presidente de Estados Unidos. Ese hecho no ha cambiado.

Y otras derivan de problemas estructurales que no se han resuelto.

Hay que estar conscientes de ello, antes de pensar que ya sorteamos todos los riesgos e incertidumbres.

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