Opinión

Cuentas claras

 
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Los sistemas de contabilidad nacional sirven para dar orden y comprender, de manera más clara, lo que está pasando en las economías. Sirven para entender las fluctuaciones en variables como la producción, los precios, el empleo. Medir la actividad económica no es una tarea fácil, pero es fundamental. Los primeros esfuerzos para tener un esquema de cuentas nacionales más o menos completo surgen en los años posteriores a la Gran Depresión de los Estados Unidos. Simon Kuznets y Colin Clark, desarrollaron un sistema de cuentas nacionales en un momento en el que medir la actividad económica y el empleo era esencial. Los primeros informes formales de contabilidad nacional se presentaron en Estados Unidos en 1947 y a partir de ahí, las economías los fueron adoptando y adaptando de acuerdo a lineamientos y mejores prácticas internacionales.

La medición de variables económicas es indispensable para evaluar el impacto de las políticas económicas. En este sentido, es fundamental que las cuentas las haga una entidad independiente y técnicamente sólida.

El lunes se publicó el dato más reciente de crecimiento de la economía china. China creció 6.9% durante el tercer trimestre de 2015 en relación al mismo periodo de 2014. Es el menor crecimiento desde 2009, pero es ligeramente mejor que el que esperaba el consenso de los analistas.

Podemos centrar el debate en si este crecimiento es mucho o es poco, o podemos dar un paso atrás y preguntarnos siquiera si es. El tema con los datos de crecimiento chino, y con muchos otros datos que provienen de ese país, es que provienen de organismos dependientes del gobierno. Es decir, son juez y parte del mismo proceso. En el caso de China, los datos de crecimiento han coincidido en los últimos trimestres, exactamente con los pronósticos del gobierno.

En Argentina, el Instituto Nacional de Estadística y Censos, el INDEC, depende del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. En junio, el INDEC publicó una inflación de alrededor de 15% anual. Estimaciones distintas al gobierno señalan una inflación de más del doble. Voces dentro del INDEC señalan que se están manipulando las cifras, no solo de inflación, sino también de crecimiento y de pobreza. Son tantas las dudas sobre esta información, que algunas agencias han decidido mejor no publicarla. Como el The Economist, que desde 2012, no publica los datos oficiales de inflación en Argentina por considerar que están completamente manipulados.

El caso de Venezuela es todavía más triste. El último dato de inflación presentado por el Banco Central de Venezuela (BCV) fue en enero, cuando se observó una inflación de 68 por ciento anual. Recientemente, una ONG hizo una petición formal al BCV para que volviera a publicar la inflación, dato elemental para cualquier economía. El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela rechazó la demanda, así que la única forma de saber cuál es la inflación es recurrir a diferentes estimaciones, encontrando algunas que la sitúan por encima de 500 por ciento. La falta de transparencia es un pésimo recurso para construir una realidad alternativa.

En México, es el INEGI –Instituto Nacional de Estadística y Geografía- el encargado de las cuentas nacionales. Lo hace apegándose a criterios internacionales y a los estándares de la OCDE, del FMI, del Banco Mundial y de la ONU. Es un organismo con autonomía técnica y de gestión. El INEGI opera bajo el mando de una Junta de Gobierno de 5 miembros: un presidente y 4 vicepresidentes. Los miembros son propuestos por el Presidente de la República y aprobados por el Senado. De entre los miembros de la junta de gobierno, el Ejecutivo Federal nombra a quien será el presidente del instituto.

En enero de 2016 tendrá que haber un nuevo presidente en el INEGI.

Eduardo Sojo termina su periodo de 6 años el 31 de diciembre. El Presidente Peña tendrá que nombrar a su relevo pronto. La ley establece, entre otras cosas, que tendrá que ser un “profesional distinguido en materias relacionadas con la estadística, la geografía o la economía”. Al nombrarlo, también se tiene que tener en cuenta la relevancia de su autonomía e independencia para poder rendir cuentas claras y transparentes.

La autora es profesora de economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter:@ValeriaMoy

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