Opinión

Cuatro sones de nuestra izquierda ranchera

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(Tomada del Twitter: @MBarbosaMX)

La semana pasada fue generosa en anécdotas sobre el nivel de la izquierda en nuestro país. Tenemos una izquierda de rancho (con el debido respeto a los rancheros). Cuando México se atasca, perdida como está la tracción de la presidencia de Peña Nieto por los escándalos de las casas, y mientras en el PAN parece que sólo siguen la lógica de ponerse a merced del mejor postor, la izquierda muestra cuán lejos está de tener una propuesta alternativa, fresca, novedosa, pertinente. Lo suyo es hoy protagonizar sainetes, escaramuzas y puntadas propias de una organización de baja estofa. Van cuatro ejemplos.

Primer son: A fe mía. Cada quien es libre de ir a El Vaticano, y de buscar una entrevista con el Papa. Pero que el líder del Senado mexicano vaya a visitar al jefe de la Iglesia católica “a título personal” suena raro. Si fuera una visita de una persona común y corriente, habría sido harto difícil que Miguel Barbosa lograra una audiencia papal. Pero si ocurre que el que pide la cita “personal” es el líder de la Cámara alta, seguro recibirá un trato que usted y yo no tendríamos. El perredista quiso y pudo (debido a su investidura, ¿a qué más?) visitar a un jefe de Estado, a un líder mundial. ¿Para hablar de la necesidad de justicia en México? ¿Para denunciar los abusos sin castigo de sacerdotes contra niños en nuestro país? Para nada: fue a regalarle un par de platones y hablar de sí mismo. A Fox le hicimos un escándalo cuando mezcló su fe con su cargo, y eso que era de derecha. Supongo que de entonces a ahora nos hemos vuelto más cínicos.

Segundo son: Masiosare. El otro líder legislativo Silvano Aureoles no canta mal las rancheras. Ante un nuevo caso de posible conflicto de interés entre el presidente Peña y un contratista, al líder de los diputados perredistas le quedó chico Juan Escutia. Pidió al gobierno aclarar lo de la casa de la que habló el martes el Wall Street Journal, pero sobre todo pidió indagar sobre la “fuerza extraña en el exterior queriendo desestabilizar (…) identificar quiénes están interesados en que por esa vía se desgaste el gobierno, es obvio que hay una intencionalidad de golpeteo al gobierno”. Hubo un tiempo en que gente de la izquierda pedía en el extranjero ayuda para denunciar la corrupción del régimen. Ahora, gente de la izquierda pide al gobierno investigar no si hay o no corrupción, sino quién “filtra” la información.
Las prioridades de nuestra izquierda.

Tercer son: Cuando recibas esta carta, Eufemia. A Carlos Navarrete no le preocupa si Alejandro Encinas tiene algo o no de razón en los motivos de su renuncia al PRD. Por lo visto, lo que realmente quitaba el sueño la semana pasada al líder nacional del perredismo era darle un rozón al renunciante, madrugarlo. Así que le mandó una carta pública. Es un desplante que pinta de cuerpo entero al Chucho menor. Sin haber encontrado la fórmula para cohesionar a los perredistas, prefiere el folclor de una misiva donde gratuitamente denostó a un histórico de su partido sin ver que con su gesto pierde él y pierde su organización. Ganó la nota, pero dio más argumentos a quienes no le ven tamaño de líder.

Y cuatro: Morena mía. Poco ruido hizo la renuncia por “dignidad” del líder de Morena en el Distrito Federal, Arturo Cervantes. No es un caso menor, pues en el bastión de ese naciente partido surgen denuncias de añejísimos vicios: las imposiciones.

Todo un recital el de nuestra izquierda ranchera.

Twitter: @SalCamarena

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