Opinión

Cuatro consideraciones clave

Recientemente, la paridad peso dólar se ha ubicado en su nivel más débil de los últimos 29 meses. De hecho, en el último mes, el peso mexicano ha perdido 3.6% frente al dólar, 6.7% en lo que va del año. Este comportamiento ha generado inquietud y más preguntas que análisis. En esta entrega abordo cuatro consideraciones clave.

Primero, los actuales niveles de cotización, cercanos a 14 pesos por dólar en su cotización spot, no son el resultado de un movimiento súbito. De hecho, son el reflejo de una tendencia de debilitamiento iniciada a finales del mes de agosto. En específico, entre el 25 de agosto y hasta el cierre de la primera sesión de esta semana, el peso se ha debilitado en 5.9% en comparación con la depreciación de 6.7% acumulada en el año.

Segundo, el peso no ha estado solo en su debilitamiento. Su depreciación ha ocurrido en un contexto de depreciación generalizada de las monedas emergentes. Para ser más particulares, ha obedecido más a un fortalecimiento generalizado del dólar, producto de un entorno de (1) debilitamiento económico global; (2) orientaciones de política monetaria divergentes; y (3) riesgos geopolíticos.

Tercero, el peso ha mostrado un debilitamiento ligeramente más pronunciado respecto a la mediana de monedas emergentes. Es este punto el que podría motivar la idea de que los factores internos ha jugado un papel importante. No obstante, tal postulado no es la conclusión directa.

No es la primera vez que en periodos de alta aversión al riesgo el peso mexicano responde con un sesgo negativo respecto a divisas emergentes. Su explicación puede hallarse en el alto grado de transaccionalidad y liquidez con la que cuenta el peso mexicano en los mercados internacionales.

No obstante lo anterior, no descartaría la injerencia de algún factor local. En particular, una prima de riesgo fiscal en un contexto de deterioro en el precio del petróleo no sería un supuesto descabellado en la explicación del ligero sesgo cambiario arriba subrayado.

Cuarto, no necesariamente la opción de una intervención cambiaria por parte de la Comisión de Cambios es un evento inminente. Hay que subrayar que hasta ahora, el ajuste del peso se ha presentado en un contexto de funcionamiento adecuado del mercado cambiario (volumen, liquidez, etc.), lo cual limita la probabilidad de este tipo de acciones.

Para el corto plazo, y tomando en cuenta la naturaleza de los factores que actualmente parece internalizar la cotización del peso frente al dólar, se antoja difícil que el peso desande una parte sustancial del camino recorrido en las últimas semanas. La vecindad de niveles psicológicos fuertes podría ser una oportunidad para que los participantes en el mercado reflexionen sobre el peso, el peso asignado a sus riesgos y su valor de mediano plazo, más acorde con fundamentales.