Opinión

Cuarón: la dolce vita

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil cayó en cuenta de que el cineasta Cuarón ha comprado dos planas en Reforma y La Jornada para agradecer al presidente Peña su inmediata respuesta a las diez preguntas que le hizo respecto de la reforma energética. Aquí vamos y, si le permiten a Gil la advertencia, un cuartito de Tafil será necesario para salir adelante de estas inserciones pagadas: “No tuve otro propósito que dar voz a inquietudes que comparto con muchos mexicanos. Quiero entender que sus respuestas no están dirigidas a mí sino a todos los ciudadanos como un gesto para establecer una mejor comunicación con un público inquieto y ávido de profundizar en este tema”.

Gamés pierde los estribos con gran facilidad y luego no los encuentra.

Resulta entonces que Cuarón da voz a las inquietudes de muchos mexicanos. ¿Lo ven? La tentación de salvar al mundo está a la orden del día.

No jalen porque cobijan: que Cuarón pregunte lo que le dé su regalada gana y que compre tantas planas como le acomode el presupuesto, pero diantres, el cineasta laureado no tiene que representar a nadie; si quiere representar al pueblo, que construya su candidatura a delegado, a diputado, a senador, a gobernador, a presidente, en fon.

Cuarón se ha servido con la cuchara del pozole, un cucharón de antología: “Sus respuestas (presidente) no pueden ni deben agotar la discusión. Por el contrario, abren la oportunidad de que se realice un debate plural y abierto sobre las reformas (…) La calidad de la democracia va más allá del proceso electoral. Y va más allá de las discusiones y las votaciones en el Congreso”.

Gil hiperventiló y caminó sobre la duela de cedro blanco con los ojos en blanco, como víctima de una posesión satánica.

Ciudadano Cuarón: efectivamente, la democracia va más allá del proceso electoral y las discusiones en el Congreso, pero no puede ser sustituida (ah, la voz pasiva) por los debates entre particulares sobre algún asunto de interés público, precisamente para eso existe el Congreso, elegido en diversas votaciones y contiendas electorales. El problema serio es que al ciudadano no le gusta el Congreso; con la pena, ¿qué hacemos?, ¿lo descuajaringamos y ponemos uno que le guste a Cuarón y a los mexicanos que él representa?

El debate siempre es conveniente, cavila Gamés, la pregunta es qué debemos esperar de los debates; en este caso, supone Gil, que los legisladores cambien de opinión y modifiquen la ley. Por cierto, Cuarón ha titulado a sus inserciones pagadas “Una última pregunta”, Dios quiera y efectivamente sea la última y no la ultimita porque a Cuarón ya se le ve la necesidad de las altas misiones de la República: de paso, ciudadano, por qué no interviene en las reformas de telecomunicaciones, en la política, en la fiscal y, ya entrados en gastos, ciudadano Cuarón, ayúdenos con la Federación Mexicana de Futbol, que es un mugrero. Si usted ayuda al pueblo bueno, le llamarán Benito Cuarón, Benemérito de Hollywood.

Dice el Benemérito: “Al igual que varias personas con las que he discutido este tema, lamenté la pobreza democrática durante el proceso de aprobación de las reformas constitucionales en el que las negociaciones cupulares sustituyeron las discusiones profundas y la sociedad careció, dentro y fuera de los partidos, de un debate participativo plural con opiniones divergentes y contrarias”. Aigoeeei. ¿Cómo ven al Benemérito Cuarón?

Por cierto, ciudadano, Gil está muy molesto con usted. Ante los ojos de la sociedad entera se eliminó al Cruz Azul, al América y a Pumas de la liguilla, y usted impávido. Hubiera comprado dos planitas para imprimir un texto: “¿Por qué no debatir los resultados de la liguilla?”. Un debate profundo de los partidos de liguilla fortalecería la vida democrática mexicana. Eso de que unos ganen y otros pierdan, no es democrático.

Así las casas (muletilla inmobiliaria de poca monta), Cuarón propone tres debates en televisión abierta, en horario prime (rib) y cobertura amplia sobre la reforma energética. La verdad, al cineasta ya le gustó el gusto, cantemos: estábanos comiendo rábanos unos comíamos otros cantábanos.

La máxima de George Sand espetó dentro del ático: “Nada se parece más a un hombre honesto que un pícaro que conoce su oficio”.

Gil s’en va