Opinión

Cuarón está siendo utilizado

Es una aberración autoritaria descalificar a Alfonso Cuarón por cuestionar a la reforma energética con el argumento de que es cineasta y no sabe de hidrocarburos. Pero es igual de autoritario satanizar a quienes cuestionan a Cuarón.

Ahora resulta que nadie puede hacer una crítica al ganador del Óscar por su actitud veladamente contraria a la reforma energética. Bonita tontería.

Refutar al cineasta Cuarón es igual o peor que criticar el milagro Guadalupano.

Ya basta de infantilismos y de apropiarse del derecho a la crítica por parte de un sector de opinadores.

Resulta bochornoso que se ponga en duda el derecho del cineasta a preguntar, cuestionar y oponerse a la reforma energética. Eso no puede estar a discusión.

Pero lo que él plantea también puede discutirse, cuestionarse y señalarle que está equivocado en lo central. Y que en sus planteamientos hay una deliberada ignorancia, a la que también tiene derecho.

Digo deliberada ignorancia porque difícilmente ha habido una reforma en el México contemporáneo tan debatida por especialistas y amateurs como la reforma energética. Todos hemos podido decir, escuchar, leer y discutir en ese tema.

Desde el gobierno anterior se están realizando foros sobre la conveniencia de actualizar nuestra legislación en materia energética, y se han oído a casi todos los actores políticos y absolutamente todas las tendencias.

Si López Obrador no ha querido asistir a foros públicos realizados por el Senado para analizar la reforma energética, desde la que propuso Felipe Calderón hasta la que propone Peña Nieto, es su problema, no de la democracia.

Todos los foros de energía organizados por el Senado se han transmitido por el canal del Congreso. En las radios y en los programas de opinión de la televisión abierta se ha discutido y analizado la reforma. Se han oído todas las críticas y matices.

El que quiera consultar cada una de las intervenciones en los foros organizados por el Legislativo, o las propuestas, puede hacerlo. No hay pretextos para ignorar el contenido de la reforma, ni la posición de todos los que han intervenido en las discusiones.

Pedir, como le pide al Presidente, tres debates en horario prime time en televisoras abiertas, es llamar al Ejecutivo a que controle la programación y el contenido de las televisoras.

Cuarón confunde a México con Venezuela. En todo caso que pida esos debates -porque él no estuvo atento a los anteriores- a la Cámara de la Radio y la Televisión.

Poner como condición -como lo hace- que en los debates “esté prohibido leer a los participantes”, es echar abajo toda la buena intención que parecían tener sus cartas públicas.

¿No pidió en su primera carta una discusión informada, con cronogramas, datos, citas, cifras convincentes? Ya no quiere nada de eso. Quiere una alegata. Un mitote.

Cuarón le está haciendo un servicio, voluntario o involuntario, a un político que carece de datos, proyecciones y cifras para sustentar su oposición a la reforma petrolera, por lo cual no se ha presentado a ninguno de los foros sobre el tema.

El cineasta, a querer o no, está siendo utilizado por quien sólo ha tenido desplantes, lugares comunes y frases populacheras sobre la reforma energética. Eso es lo que pide Cuarón en horario prime time.