Opinión

Cuántos más tienen que desaparecer y morir

 
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Droga Guerrero. (Rosario García Orozco)

Al año de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la atención nacional e internacional que habría sobre esta tragedia, uno hubiera pensado que el gobierno federal intentaría controlar la situación en Guerrero. Pero no, al contrario. De septiembre de 2014 a septiembre de 2015 la situación del estado ha empeorado. La pregunta que no han hecho públicamente al presidente y al secretario de Gobernación los familiares de los muchachos desaparecidos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ONG, gobiernos extranjeros y medios de comunicación, es si los eventos del 26 de septiembre de 2014 en Iguala pudieran suceder otra vez.

Lo terrible es que la respuesta es que probablemente ya volvió a suceder, No sólo en Guerrero, sino en otras partes del país, ya que hay municipios que siguen controlados por policías que trabajan para organizaciones criminales que desaparecen gente, alcaldes que trabajan para capos y gobernadores que por razones políticas y económicas deciden ignorar esta realidad.

En el estado de Guerrero –el cual tiene 3.4 millones de habitantes– se han registrado 19 mil 434 homicidios en el periodo de 2005 a 2014, de acuerdo con los Fiscalía General del Estado. La entidad tiene los índices más altos de homicidios, que ascienden a 48 casos por cada 10 mil habitantes.

Tan sólo en el periodo de octubre de 2014 hasta julio de 2015, datos de la Procuraduría General de la República (PGR) revelan que en Guerrero se encontraron 60 fosas clandestinas con al menos 129 cuerpos, pertenecientes a 109 hombres y 20 mujeres.

Guerrero es una de las cinco entidades que concentran 65 por ciento de las desapariciones investigadas por la Unidad Especializada para la Búsqueda de Personas Desaparecidas.

Y ahora el tema que va a reventar aún más la violencia en Guerrero es la heroína.

Casi la mitad de la heroína que llega a Estados Unidos se produce en México –una cifra que ha aumentado del 39 por ciento que se supone se producía en el país en 2008, según un estudio de la Agencia Antidroga estadounidense (DEA)–, y la mayoría del opio mexicano que termina procesado en heroína proviene de Guerrero.

El 90 por ciento de la producción nacional de amapola depende del municipio de Iguala, que es clave en la ruta del trasiego de este producto. Ya las autoridades estadounidenses han expresado su preocupación por el dramático aumento del tráfico de esta droga a su país. Cada kilo de goma de opio se cotiza hasta en mil 500 dólares y está desplazando a la mariguana como la generadora de ganancias para ocho cárteles que luchan por el poder territorial en Guerrero.

Desde 2013 es del conocimiento de la DEA que Iguala es el punto de inicio de operaciones de tráfico de heroína en Chicago, Illinois. Las muertes causadas por esta droga aumentaron al doble en los últimos dos años.

El jefe de la DEA, Chuck Rosemberg, dijo en entrevista para Fox News que la heroína ha vuelto “y regresó para vengarse”, aseveró en su primera entrevista para la televisión. “Existe una enorme provisión de heroína; es barata y de hecho es más barata que los medicamentos de prescripción. Si tomas oxicodona e hydrocodona para una herida de futbol y te ‘enganchas’ en el consumo, vas a pagar un dólar por miligramo en las calles por una píldora, es decir, 30 miligramos equivale a 30 dólares. La heroína cuesta sólo la quinta parte y tiene casi los mismos efectos y reacciones farmacológicas”.

Un reportero le preguntó a Rosenberg si el problema de la heroína amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos, a lo que contestó que “es una industria multimillonaria. ¿Qué hacen ‘los chicos malos’ con todo ese dinero que los norteamericanos pagan por las drogas? ¿Qué se financia con ese dinero en el extranjero? Estoy seguro de que parte de ese dinero va a organizaciones terroristas, ya se ha visto y eso me preocupa un poco”.

Mmm, ya sabemos cómo usan este dinero. Para asesinar, desaparecer y secuestrar a normalistas y pobladores.

Aunque he tocado el tema varias veces en este espacio, sigue siendo un misterio por qué el presidente Enrique Peña Nieto y su equipo no dieron los pasos necesarios para reducir la violencia y por fin retomar control sobre el estado de Guerrero y proteger a la población.

¿Cuántos más tienen que morir en Guerrero? ¿No fueron suficientes los eventos del 26 de septiembre de 2014 para que se tomaran medidas contundentes para cambiar Guerrero? ¿O Tamaulipas? ¿O Veracruz?

Twitter: @Amsalazar

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