Opinión

Cuando se trata de tomar
un ruletero

 
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gente tomando taxi

La última vez que tomé un taxi, del fondo del asiento trasero salía un chipote con evidentes rasgos de un resorte insurrecto que era parcialmente cubierto por una especie de tela desgarrada y semigrasienta. La bocina del radio amplificaba la desgañitada voz de un locutor asegurando que la colonia de los Doctores era la más bella del mundo y se hacía acompañar como fondo de una cumbia que inundaba la cabina en que el chofer y yo nos encontrábamos. Él, peinado como el último de los mohicanos, mostraba el músculo detrás de una playera que seguramente había sido lavada el último semestre.

Por más que mostré un sólido desinterés en el futbol, él insistió en darme la alienación de lo que sería el mejor equipo y para ello comenzaba enalteciendo las figuras del viejo, muy viejo Tubo Gómez y la Tota Carvajal como porteros y mencionaba a el Chicharito como goleador nato que necesita el orgullo nacional.

Cuando llegué al domicilio que quería, tomó el billete de 100 pesos que deposité en su mano para pagar la cuenta de 70 pesos y me dijo que no tenía cambio. Me sugirió un volado de todo y nada. Acepté sabiendo de antemano que irremediablemente perdería.

Nunca he tomado un automóvil de la tan vilipendiada compañía Uber que presta el servicio de taxi a domicilio. Ahora que me he informado, numerosas personas me dicen que la prestación es excelente. Apuntan lo siguiente: el chofer se presenta limpio y hasta con corbata; acepta tarjeta de crédito, incluso American Express que no siempre es bienvenida en diferentes comercios; el auto luce impecable; puede llamársele por teléfono o a través de un correo electrónico y, sobre todo, es confiable así como el hecho de contar con seguro que protege al usuario ante la posibilidad de un accidente. También indican que cuentan con el sistema electrónico “Waze” que automáticamente traza la mejor y más rápida ruta para llegar al destino que cada quien ha elegido.

Sin tener todos los elementos para hacer un juicio mejor documentado, el contraste luce muy favorecedor a esa compañía o asociación de choferes de la mencionada compañía. Y lo que llama la atención es que taxistas de España y México han lanzado una vigorosa campaña contra quienes ofrecen ese servicio que cada día se ve como una mejor opción que abordar a un taxi en la calle. Eso parecería obvio, lo que resulta enigmático es por qué las autoridades, donde quiera que se preste ese servicio, no exigen a los taxistas comunes mejorar su servicio que, no es ninguna calumnia, es susceptible de ser muy mejorado.

Los taxistas de la ciudad capital han realizado -cual debe- marchas y mítines de protesta e incluso ahora anuncian una manifestación frente a las embajadas de diversos países para mostrar así su descontento e internacionalizar su reprobación.

Uno de los taxistas dirigentes reacios a que las compañías Uber y Cabify continúen trabajando y se amplíen, declara: “son empresas ilegales que van mintiendo en los países en que operan. Así ocurre en Francia, Alemania, España, Brasil y lucharemos para que en México también deje de operar”.

Los taxistas ven con malos ojos y hasta con sospecha, la información que esas dos compañías recaban de sus clientes: geolocalización, rastreo, información de contactos que puede ser utilizada con fines diversos, incluso como un potencial de extorsión y secuestro.

Si bien esto último puede ser grave, bien valdría la pena que hubiera una investigación, pero también habría que valorar cuáles son las inoperancias y deficiencias que hoy tiene el servicio público de taxis en diferentes partes del país. Para nadie es desconocido la insatisfacción que producen esos viajes donde mil anécdotas nos dan cuenta de que el servicio que padecemos los usuarios no es un invento ni una plataforma ideal para escribir cuentos cortos, chistes largos o inverosímiles relatos sobre asaltos, accidentes, maltrato, descripción de olores del averno y diferentes categorías sobre la condición humana.

¿Por qué ese anecdotario o cualquier otro no se da sobre las dos compañías a las que se pide suspendan sus servicios?

Twitter: @RaulCremoux

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