Opinión

Cuando los mexicanos viajan a lo grande

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Turismo

Hace un año, el CEO de los hoteles Starwood pronosticaba el inicio de una época dorada para el turismo de lujo en todo el mundo. Durante un viaje a México, Frits Van Paasschen me comentó que su objetivo era ganar clientela entre los miembros de las clases pudientes que estaban creciendo en las economías emergentes, entre las cuales se encuentra nuestro país.

Esta tendencia me la confirmó hace unos meses Milly Alva, directora de ventas y mercadotecnia de Aqua Expeditions, una pequeña empresa peruana que organiza travesías de lujo en pequeños barcos por el Amazonas peruano y Vietnam, con precios de mil dólares diarios por persona y una facturación anual de once millones de dólares.

Quienes los contratan son el tipo de viajero que, más que coleccionar sellos de Migración de distintos países o viajar a los lugares de moda llenos de turistas, lo que busca son experiencias diferentes que muy pocos pueden vivir, sin reparar en el precio. No obstante, por su alto perfil económico es un mercado difícil de satisfacer.

“Aquí no hay margen de error. Si nos equivocamos en algo o fallamos en el servicio nos puede salir muy caro, porque a nuestros pasajeros no los compensas con dinero. Cuando nos contratan, ellos no preguntan el precio, simplemente ponen su tarjeta de crédito y confían en que les cumplamos su expectativa”, explica Alva.

Y, contrario a lo que pudiera pensarse, este segmento de turismo premium no es tan pequeño y, además, se encuentra en expansión. El más reciente estudio de la International Luxury Travel Market –que cada año organiza tres exclusivas ferias: en Cannes, Shanghai y la Riviera Maya– sostiene que a nivel global el turismo de lujo representa 10 por ciento de todos los viajeros del mundo, es decir, más de cien millones cada año.

La importancia de esta enorme élite ha llevado a algunos de los hombres más ricos del orbe a interesarse e invertir en esta industria. Por ejemplo, a través del fondo de inversión Cascade, Bill Gates se hizo de 45 por ciento de las acciones de la cadena Four Seasons, además de que en lo personal ha comprado propiedades como el Four Seasons de Punta Mita, ubicado en Nayarit; o Michael Dell, el de las computadoras, que también es propietario de dos hoteles de esta marca, a través de MSD Capital, en Hawái.

Brad Packer, director de relaciones públicas para los Four Seasons de Bora Bora y Hualalai, en Hawái, comenta que los mexicanos se han convertido en un mercado muy importante para estos dos hoteles desde hace poco más de dos años. Les gusta pasar ahí su luna de miel.
Para hablar de todo esto, ayer llegó a la ciudad de México el presidente y CEO de Virtuoso, Matthew Upchurch.

Virtuoso es la más importante red mundial de agencias de viajes (aglutina a 355) que únicamente atienden a viajeros de alto poder adquisitivo. Hace seis años facturaba anualmente cuatro mil 800 millones de dólares y hoy esta cifra ya llega a los 14 mil millones.

México juega un papel importante en este mercado selecto, por lo que Virtuoso tiene en nuestro país 25 agencias afiliadas y 50 socios comerciales, entre los que se encuentran organismos gubernamentales como el Consejo de Promoción Turística, oficinas de promoción de destinos como Cancún, Los Cabos y Riviera Maya, por citar algunos, y varios de los principales hoteles como Cuixmala, Las Ventanas al Paraíso o los St. Regis de la ciudad de México y Punta Mita, en la Riviera Nayarit.

A pesar de ser el nuestro un país con tantas carencias, cuenta con un reducido grupo que concentra la riqueza, el cual gusta de viajar y a lo grande. Tan es así, que las ventas de Virtuoso en nuestro país crecieron 17 por ciento el año pasado con respecto a 2013. De hecho, cada año los mexicanos gastamos más de nueve mil millones de dólares en viajes al exterior y tenemos fama de ser gastalones, aficionados al shopping y proclives a dar buenas propinas.

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