Opinión

Cuando los economistas se niegan a aprender

 
  
 

 

Paul Krugman.

Bernie Sanders está interpretando su muy, muy, muy larga despedida y Donald Trump parece estar apagándose. Por tanto, es hora de revisar un poco de macroeconomía.

El economista Brad DeLong publicó en su blog una excelente presentación sobre la lamentable historia de la creencia en el hada de la confianza y sus terribles efectos sobre la política (léala aquí: bit.ly/28QoNmb). Uno de sus temas es el mal comportamiento de muchos economistas profesionales, quienes inventaron doctrinas nuevas sobre la marcha para justificar su oposición al estímulo y su deseo de austeridad incluso de cara a las tasas de interés cero y una depresión.

Una objeción: no creo que DeLong esté dejando en claro realmente cuán mala era la afirmación de que el gasto gubernamental estaba desplazando a la inversión privada, incluso en el límite inferior cero.

De cualquier forma, dos cosas llegaron a mi escritorio virtual recientemente que reforzaron el argumento sobre realmente qué tan mal algunos de mis colegas economistas siguen manejando los problemas de la política fiscal.

Primero, Gregory Mankiw publicó un artículo en The New York Times (aquí: nyti.ms/1UdltPr) donde mencionó un estudio de los economistas Alberto Alesina y Silvia Ardagna sobre la austeridad expansiva sin mencionar ninguno de los muchos otros estudios que refutaron sus resultados. Y esperen, hay más. Tal como señaló Matt O’Brien en The Washington Post, Mankiw también citó un documento de investigación de 2002 escrito por Olivier Blanchard y Roberto Perotti que mostraba escepticismo sobre el estímulo fiscal pero de alguna forma no mencionó el famoso documento de investigación de 2013 de Blanchard y Daniel Leigh que mostró que los multiplicadores son mucho más grandes de lo que pensaba el Fondo Monetario Internacional.

En segundo lugar, leí una nota de David Folkerts-Landau del Deutsche Bank que denunciaba al Banco Central Europeo (BCE) por sus políticas de dinero fácil, porque “al autodesignarse como el salvador de última instancia de ‘lo que sea necesario’, el BCE ha permitido que los políticos no hagan nada con respecto a reformas que estimulen el crecimiento y a la necesaria consolidación fiscal. Por tanto, la política del BCE está amenazando al proyecto europeo en general en nombre de la estabilidad financiera a corto plazo. Cuanto más la política impida la catarsis necesaria, más contribuye al crecimiento de la política populista o extremista”.

Sip. Esa “catarsis” funcionó muy bien cuando el Canciller Heinrich Brüning la aplicó en la Alemania de Weimar, ¿o no?

Lo que me impacta es el contraste con la década de 1970. En ese entonces, la experiencia de la estanflación llevó a una drástica revisión de la doctrina macroeconómica y política. En esta ocasión, acontecimientos económicos mucho peores, y predicciones de economistas mucho más discrepantes con la experiencia que los errores de antes de los keynesianos, no parecen haber producido ninguna concesión.

Twitter: @paulkrugman

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