Opinión

Cuando la percepción se aleja de la realidad

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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

Una afirmación que se hace frecuentemente es que en economía percepción es realidad.

La lógica nos dice que si, por ejemplo, los empresarios ‘sienten’ que la economía va mal, entonces dejarán de comprar e invertir, lo que a su vez, al paso del tiempo se traducirá en un freno a la actividad económica.

Pues, de acuerdo con encuestas y cifras reales, pareciera que en nuestro país las cosas han sido así, al menos en este año. El Inegi y el Banco de México realizan mensualmente una encuesta de opinión empresarial. Y con ello elaboran índices de confianza empresarial por sector.

El índice de confianza del sector comercio correspondiente al mes de agosto se ubicó en 46.49 puntos, lo que representa un retroceso de 12.6 por ciento respecto al de agosto de 2014. En julio la caída había sido de 11.5 por ciento.

En contraste, los datos duros revelan que en agosto, a tiendas comparables, las ventas de la ANTAD crecieron en 7.8 por ciento nominal o 5.1 por ciento en términos reales, uno de los mejores desempeños de la última década.

Podría usted pensar que una cosa es la ANTAD y otra el resto del comercio. Pues bien, el índice de ventas al menudeo que publica el Inegi y que se refiere a todo tipo de comercio reporta un crecimiento acumulado en el primer semestre de 5.0 por ciento, que es el mejor resultado para un periodo semejante desde que esta estadística se registra, desde 2009.

El índice de confianza del consumidor de agosto, aunque creció a una tasa anual de 0.9 por ciento (con datos desestacionalizados), en variaciones mensuales acumula dos meses de caída.

En otras palabras, estamos viendo una percepción teñida por el pesimismo respecto al desempeño del mercado interno que está muy lejos de corresponder con la realidad. Y, este contraste lleva ya varios meses.

Eso mismo explica que en las mesas de reunión los comentarios respecto a la situación de la economía tengan casi siempre un tono negativo. Si uno se atreve a decir que las cifras no sustentan esas opiniones le dirán que las cifras están mal.

Casi nunca las percepciones se corresponden con exactitud a las realidades, pero en México está surgiendo un abismo entre ambas.

Cuando la inflación ha alcanzado los mínimos históricos, medida por un ente autónomo como el Inegi, hay quien dice que los precios en realidad están subiendo muchas veces más.

Me parece que una de las explicaciones que pueden darse a este hecho es el contagio del pesimismo.

El malestar social y político que se manifiesta claramente en las encuestas, se traduce también a la economía. Además, seguimos con la imagen de que una moneda devaluada implica necesariamente una economía devaluada, sin percibir que el tipo de cambio es sólo otro precio en la economía.

En etapas como estas, no hay de otra que ser objetivos y rigurosos, a pesar de que se vaya en contra de la opinión mayoritaria.

Y, para la autoridad, la tarea es ser convincente y hacer un esfuerzo deliberado por presentar los hechos y las cifras de manera objetiva, sin magnificar lo positivo ni tratar de encubrir lo negativo, pues sólo así se podrá restablecer la credibilidad.

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