Opinión

¿Cuál es la fuente de la eterna juventud financiera?

La revolución tecnológica y de comunicaciones ha cambiado el sentido de lo “viejo” y hoy habrá de ser sustituido por lo obsoleto.

De la misma manera en que los equipos de cómputo se convierten en basura con el paso del tiempo, hay conocimientos que debemos desaprender para adquirir otros nuevos que nos ayuden a enfrentar una realidad cambiante.

Hay jóvenes de edad cronológica que están totalmente obsoletos en los conocimientos financieros mínimos requeridos.

Ahora nos quedamos sin excusas y la comprensión puede ser adquirida en Internet por medio de una infinidad de opciones; basta preguntar a través de Google para contar con cursos gratuitos, blogs o páginas especializadas.

Sin embargo, hay que advertir: “información no es conocimiento, no es saber en el significado heurístico del término”.

Por sí misma, la información no lleva a comprender las cosas: se puede estar informadísimo en muchas cuestiones, y a pesar de ello no comprenderlas.

Así lo dice Giovanni Sartori en su libro “Homo Videns, la sociedad teledirigida” que fue publicado hace 17 años y sus presagios pesan en el nuevo mundo digital.

Si bien la visión de Sartori es pesimista en demasía, pone el dedo en la llaga.

Dice: “… el niño formado en la imagen se reduce a ser un hombre que no lee, y, por tanto, la mayoría de las veces, es un ser reblandecido por la televisión, adicto a los videojuegos”, y apunta: “… es también seguro que frente a esos progresos haya una regresión fundamental: el empobrecimiento de la capacidad de entender”.

El punto importante desde una perspectiva financiera es el reto de aprovechar la tecnología y la comunicación para crecer.

Si llevar el presupuesto hace 30 años implicaba “arrastrar el lápiz”, luego se convirtió en la necesidad de saber manejar el Excel y ahora se pueden bajar aplicaciones gratuitas para hacer los registros en el teléfono móvil.

Si antes se ahorraba en forma tradicional a través de un pagaré bancario, hoy habrá de estar abiertos a participar en el mercado de dinero y capitales, además de conocer los instrumentos que vayan naciendo en el mercado.

Esta máxima es básica para las finanzas personales, porque hay que aprender y desaprender para tomar buenas decisiones.

La fuente de la eterna juventud es la reinvención de uno mismo…

Si lo abuelos decían “las cosas son así porque así es el mundo”, en este momento debemos tener claro: “todo cambia, porque la transformación es continua”.

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