Opinión

Cruje

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en su periódico Reforma que Liópez tenía noticias de que el alcalde Abarca era un siniestrazo -si no un asesino- y de que familiares de su esposa (del edil, se entiende) era pariente de criminales de mucha monta. En estas páginas lo escribió Pablo Hiriart y añadió que Liópez impulsó la candidatura de Ángel Aguirre Rivero contra viento y marea. ¿Cómo la ven? Dicho sea esto sin afán de albur ni, mucho menos, como un sinónimo de “se los dije”.

¿Esta circunstancia convierte a Liópez en cómplice de Abarca? Desde luego que no, pero sí ilustra que en el fragor de la batalla nuestros políticos, en especial los de izquierda (o como se diga) y Liópez en primerísimo lugar, son capaces de llevarse a la casa a un zombie y venderlo a la mañana siguiente como prócer de las causas más nobles. Oiga, señor, y ¿por qué tiene podrida la cara el alcalde? Por un complot que le hizo la mafia en el poder.

La nota de Reforma dice: “militantes del PRD advirtieron a Andrés Manuel L(i)ópez Obrador de los nexos criminales de José Luis Abarca y, aún así, avaló su candidatura que a la postre resultó en su llegada a la alcaldía de Iguala”. Gil citó al clásico Garcilaso de la Vega: salid sin duelo lágrimas corriendo. El triste lamentar de dos pastores, Gil y Gamés: el líder de la izquierda, el hombre que estuvo en dos ocasiones a un pelo de llegar a la presidencia con el voto popular, la fuerza moral indestructible, el rayo de esperanza, el jefe de los sanitarios de la ética política, en fon, colaboró, por omisión, al imperio del crimen en que Abarca convirtió a Iguala. Digámoslo con un trozo de siglo de oro: hay paradojas muy cabronas. Bueno, siglo de cobre y caucho.

Dos hombres buenos

Cuauhtémoc Cárdenas y el tribuno Muñoz Ledo caminaban tomados del brazo, como dos abuelitos horrorizados ante el desenfreno de sus hijos: que cocha horrible lo de Igualach, Porfirio. Ay, Cuauhtémoch, les das el pie y se toman la mano, o como che diga. En mis tiempos se hachían cochas parechidas, pero nadie se enteraba. Somoch la vergüencha, el hachme reír; nuestro perredé era distinto, era notros tiempoch.

Prendamos la luz. ¿Que ven? Una casa vieja, polvosa con objetos de otra época, oscura la maison. ¿Saben una cosa? Abran las ventanas y la puertas y dejen que entre gente más joven con nuevas ideas. Lo que ustedes tienen al día de hoy es un partido viejo, anquilosado, conservador, con una alta dosis de PRI en su sangre, con ingredientes de la iglesia comunista, con pequeños tumores de caudillismo de los viejos tiempos y espolvoreado con la cocaína de la corrupción y el crimen organizado. Si no toman una decisión urgente van a gastarse una millonada en geriatras y el partido desaparecerá. No jalen porque cobijan.

Ayotzinapa

La flor unánime de Ayotzinapa no se marchita; oh, no. El Comité Estudiantil de la Escuela Normal se deslindó del saqueo de tiendas de Chilpancingo: “queremos aprovechar la oportunidad para deslindarnos y expresar nuestro rechazo a las acciones que se realizaron en Aurrerá, Coppel y Comercial Mexicana. Grupos de personas ajenas a nuestra histórica normal rural fueron infiltrados en nuestra protesta realizando actos de saqueo que nuestra casa de estudios condena en todas sus formas”. Correcto, pero, ¿no fueron los normalistas los que secuestraron camiones de empresas de diversas golosinas y los mantuvieron en cautiverio?

Gil ha sufrido un escalofrío. Si la paz social se ha quebrado en Guerrero, si las brigadas violentas no cesan de destruir, si en el estado el caos avanza aquí y allá, hay una probabilidad de que sólo con la fuerza se recupere el control del estado. Malo, malo. La mesa del desastre esta puesta en Guerrero.

Una máxima anónima espetó dentro del ático de las frases célebres: “Me acosté en mi cama y miré al cielo y las estrellas y luego me pregunté: ¿dónde rayos está el techo?

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX