Opinión

Crisis de confianza

 
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Ricardo Anaya durante la conferencia de prensa. (Édgar López)

Presidente de Sociedad en Movimiento.

¡Que difícil es conquistar la confianza y qué fácil es perderla!

La confianza es un elemento vital para construir una familia, una empresa, una institución o un país exitoso. Los líderes confiables emprenden proyectos de gran impacto porque cuentan con el apoyo de aquellos que los siguen y que confían en ellos. Sin ella, tarde o temprano el proyecto se hunde.

Si lo anterior es cierto, y estoy convencido de ello, debe preocuparnos sobre manera la percepción que tenemos los mexicanos sobre nuestras instituciones. La última encuesta del Reforma presenta una información que es dramáticamente reveladora y la conclusión después de leerla, es que los mexicanos confiamos cada vez menos en nuestras instituciones.

Analicemos tres, sólo tres de las cifras que nos presenta esta interesantísima encuesta efectuada por el periódico Reforma señalando el resultado obtenido en agosto de este año 2015 con la última celebrada el pasado mes de abril. La iglesia continúa como la institución más confiable con una aceptación del 54% aunque bajó tres puntos en relación a la de abril; el gobierno de Enrique Peña Nieto tiene una preocupante caída del 46% al 27% y los partidos políticos ocupan el último lugar habiendo pasado del 25% al 16%.

Quiere decir esto que 73% de los mexicanos no aprueban al gobierno de nuestro Presidente, lo que es sumamente preocupante, sobre todo cuando es consecuencia de una dramática caída, casi a la mitad, de lo que se reflejaba hasta hace unos cuantos meses.

A esto se suma el no menos evidente rechazo a los partidos políticos, que van en caída libre respecto de lo que de ellos piensa en la opinión pública, al pasar del 25% al 16%. No es sorpresivo el resultado en particular de los partidos llamados “grandes”, para no hablar de la llamada chiquillería; han atravesado por severas crisis de confianza y corrupción, que se reflejan inevitablemente en la opinión de la ciudadanía.

El manejo de nuestro país se caracteriza por un raquítico crecimiento económico desde tiempo inmemorial, pero agravado en los primero tres años de la gestión de Enrique Peña Nieto; por una corrupción rampante que irrita profundamente a la ciudadanía; y por un aparato de justicia que no se fija en los altos funcionarios o ex funcionarios del gobierno, algunos de ellos verdaderamente facinerosos que debieran estar en la cárcel en lugar de ser gobernadores o habiendo sido gobernadores de algún Estado de la República. La famosa Casa Blanca sigue sin recibir la atención debida por parte de las autoridades. Algo similar sucede con la casa adquirida por nuestro Secretario de Hacienda de un contratista del gobierno.

El PAN está cerca de nominar como su Presidente a Ricardo Anaya, joven prometedor que puede componer el rumbo del partido y lograr recomponer el tortuoso camino por el que lo llevó su Presidente Gustavo Madero.

El PRD está en una encrucijada, su desprestigio es más grande que nunca y su actual Presidente ya sólo quiere encontrar a quien cederle las riendas. El caso Iguala le ha cobrado la cuenta, después de nombrar el partido de marras, irresponsablemente, a un Presidente Municipal indigno de ocupar ese alto cargo. Los costos están a la vista.

El “nuevo” PRI está cerca de nominar como Presidente a ese viejo lobo que responde al nombre de Manlio Fabio Beltrones, político que ha ocupado todos los puestos a los que puede aspirar un político de carrera, excepto la Presidencia de la República, a la que probablemente desee aspirar dentro de no mucho tiempo ¿Quiere usted conocer quien es este renombrado personaje político? Pregúntele al que lo sabe todo, Google, y se llevará una sorpresa.

El “nuevo” PRI luce como un partido que tomará un papel preponderante frente a una Presidencia que pasa por su peor momento, según lo señalan las encuestas a las que hemos hecho referencia anteriormente.

El “nuevo” PRI asoma su cola dinosáurica y amenaza regresar a las viejas y viciosas prácticas que maneja con verdadera maestría ¿Qué podemos esperar de todo esto? Deje usted correr la imaginación, simplemente déjela correr e imagínese, entre otras cosas, lo que sucederá en el 2018 de cara a las elecciones presidenciales.

El rechazo a los partidos políticos por parte de la ciudadanía está plenamente justificado y de ahí, entre otras cosas, el auge de los candidatos independientes. Sería interesante encontrar a uno o varios que, como independientes, compitieran por la Presidencia de la República en el ya no muy lejano 2018. El Bronco, en Nuevo León, es todo un caso. Vale la pena reflexionar sobre ello, a grandes males grandes remedios, y el mejor aliado de los independientes es el desprestigio por el que atraviesan todos los partidos políticos, sin excepción alguna.

Mañana será otro día.

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