Opinión

Crimen y democracia, una evocación desde Rusia

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Cártel Jalisco Nueva Generación. (Tomada de Twitter)

Algunas líneas de uno de los libros de la más reciente ganadora del Nobel de Literatura parecen evocar parte del México que nos surgió tras la caída del PRI en el 2000.

En El fin del homo sovieticus (Acantilado, 2015), la nobel rusa Svetlana Aleksiévich recoge los testimonios de decenas de personas que sin importar si reivindican o critican la era soviética, coinciden en denunciar todo lo que la democracia les ha quedado a deber.

El libro es muchísimas cosas más, pero retomaré sólo ese botón para traer a cuento cómo tras el colapso del régimen comunista, el recurso de la violencia fue utilizado por algunos para hacerse un espacio en la naciente sociedad.

“Vivo en un bloque de apartamentos muy grande, con veinte escaleras. Cada mañana aparecía algún cadáver junto al bloque y muy pronto dejamos de estremecernos al verlos. Nacía el verdadero capitalismo y lo hacía con sangre. Yo esperaba una conmoción social, pero no se produjo”, dice una de las personas entrevistadas por Svetlana para el capítulo El rumor en la calle, 1991-2001.

Este sábado aparecieron narcomantas en varias poblaciones de la zona noroccidental de Michoacán. Se anuncia el surgimiento de un presunto nuevo grupo delincuencial (La Nueva Familia), que se declara enemigo de una banda que asuela a distintos estados de la República (el Cártel Jalisco Nueva Generación). El mensaje fue refrendado el domingo con la aparición de un cuerpo mutilado.

¿Cómo explicar el surgimiento de esta nueva organización en la entidad que fue intervenida hace dos años por el gobierno federal para erradicar al grupo criminal que prácticamente cogobernaba en Michoacán?

Quizá se deba a que la construcción de instituciones de seguridad no ha ocurrido al ritmo, ni con la solidez, que Michoacán necesita para que nadie intente aprovecharse del vacío de autoridad.

O quizá se deba a que tras la caída del PRI y la llegada del PAN en su versión foxista y calderonista, no hubo en México un estado capaz de contener, o al menos en capacidad de intentar una efectiva mediación, ante aquellos que vieron en el momento de cambio de régimen una oportunidad de hacerse de rentables espacios: ya fueran negocios formales, informales e, incluso, ilegales.

En esa coyuntura cárteles tradicionales se afianzaron o expandieron, algunos obviamente sucumbieron ante la fuerza de algún grupo rival, pero también se habría abierto la posibilidad para el surgimiento de grupos delincuenciales no necesariamente ligados al narcotráfico (secuestro, extorsión, robo, etcétera).

La debilidad que vino con la democracia ha sido capitalizada por criminales, de viejo cuño o advenedizos. Sin decir para nada que el fenómeno criminal nació con la alternancia, ésta sí habría despertado un apetito de quienes al hacer cuentas saben que el expolio de comunidades es buen negocio y que enfrente hay un Estado no sólo débil sino corrompible.

Un siguiente nivel de esa debilidad se habría dado en el ámbito de las entidades federativas y los ayuntamientos. La alternancia les alejó, para bien y para mal, del control que solía haber en el priismo vertical.

Por supuesto que el retorno del PRI a la presidencia no cambió la dinámica, pues esos grupos han demostrado ser demasiados y aprovecharse de un Estado que no puede proteger todo el territorio.

¿Quién va a ganar? ¿Los gobiernos o los criminales?

La señora Aleksiévich no es responsable de estas líneas, surgidas tras leer algunos de sus párrafos. Lo que pasa es que El fin del Homo sovieticus evoca tanto a nuestro país, incluido en eso de que ante la violencia nomás no ha ocurrido una trascendente conmoción social.

Twitter: @SalCamarena

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