Opinión

Creed: la séptima es la vencida

 
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Creed: la séptima es la vencida.

 ¿Quién hubiera pensado que Creed, la séptima entrega de una película con Rocky Balboa, sería la joya de la serie? Si bien esta vez el Italian Stallion no ocupa el centro de la historia (Sylvester Stallone está cerca de no poder subirse al ring, ya no digamos de pelear sobre él), Creed es una secuela de Rocky hecha y derecha, con los mismos ingredientes que la saga utilizó en 1976. Tenemos al contendiente, un desconocido con todas las de perder. Se trata de Adonis Johnson (Michael B. Jordan), hijo ilegítimo de Apollo Creed, el campeón mundial que peleó contra Balboa en ese primer combate y después murió a puños de Ivan Drago, ese Terminator moscovita. Rocky (Stallone) entrena a Adonis, cumpliendo el viejo rol de Burgess Meredith, y Tessa Thompson interpreta a Bianca, la novia del boxeador: una mujer bastante más recia que Talia Shire, cuya Adrian era un spaghetti andante.

Las tramas se asemejan –el director Ryan Coogler incluso reinventa las secuencias más memorables de la original– pero el tono y el ritmo van por otro rumbo. Montajes musicalizados y coreografías pugilísticas aparte, donde John G. Avildsen observó una Filadelfia sombría, perennemente encapotada, de calles deslucidas y carnicerías apestosas, Coogler ve grisura pero también viveza. Dentro y fuera del ring, Creed es vibrante. Maryse Alberti (cuya fotografía en el cuadrilátero también fue lo mejor en The Wrestler de Darren Aronofsky) demuestra una habilidad notable para registrar la intimidad y el combate, para transmitir calidez o adrenalina. El 2015 no tuvo una secuencia fotografiada y editada con más brío, con un dechado más admirable de recursos, que la batalla final, ni un plano secuencia coreografiado con mayor precisión que durante otra pelea de Adonis. Ambos momentos deberían requerir que la audiencia se pusiera babero. Aun así, la academia le negó la nominación a Alberti. Un crimen.

Es extraño que Coogler, un aprendiz atento, no sepa que un héroe como Adonis merece tener un antagónico de su peso. Desde The Wire, pasando por Chronicle y Friday Night Lights, Jordan ha demostrado ser un actor magnético, capaz de llenar la pantalla y enganchar al espectador sin decir gran cosa. Por eso es una lástima que Coogler ponga a Tony Bellew, como Ricky Conlan, en la esquina opuesta: un británico de abdomen cervecero, bíceps fofos y mirada indigesta, quien nunca logra ser un villano al que verdaderamente queramos ver en la lona. Coogler, pues, no aprendió una de las grandes lecciones del cine de Avildsen, director no solo de Rocky sino de The Karate Kid: el malo debe ser el reverso del protagonista. Daniel San, menudo, pobretón, noble, de padres inmigrantes, se enfrenta a Johnny Lawrence: sádico, yuppie en potencia, más WASP que los Bush. Rocky Balboa –boxeador de poca monta, medio bruto y sin lana– pelea contra Apollo, el campeón indiscutible, un individuo que habla en tercera persona, viste de saco y chaleco y solo se pone los guantes para sumarle ceros a su fortuna. Quizás resulte políticamente incorrecto sugerirlo, pero Creed sería una película más emocionante si Adonis tuviera que noquear a un rubio, racista, futuro votante de Donald Trump.

Creed
Año: 2015
Director: Riddley Scott
País: Estados Unidos
Productores: Simon Kinberg, Ridley
Scott, Michael Schaefer, Aditya Sood
y Mark Huffam
Duración: 141 mins.
Cines: Cinépolis Interlomas 3D,
18:05 horas

Tal vez Coogler no quiso abordar tensiones raciales de forma más explícita. De haber elegido como contrincante a un peleador lleno de prejuicios, Creed sería una película de negros contra blancos más que un retrato cuidadoso de la vida priva da, los demonios y la pugna de un joven, luchando por honrar el recuerdo de su padre. Aunque Adonis no es tan entrañable como Rocky, su historia emociona. Creed vuelve a imaginar un clásico, al tiempo que homenajea a un personaje, vigente después de cuarenta años. Como premio, Stallone se llevará el Oscar en un mes. Se lo aseguro.

Twitter:@dkrauze156

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