Opinión

Crédito interno:
a cuentagotas

A pesar de la aprobación de la reforma financiera, del repunte moderado de la actividad económica y de mejores expectativas de consumidores y empresas en lo que va del año, el financiamiento a empresas y consumidores fluye a cuentagotas. En enero-agosto de 2014 el crédito al consumo exhibió tasas de crecimiento decrecientes y muy inferiores a las de años anteriores, al aumentar 2.9% a tasa anual en comparación con 13.5% en 2011, 17% en 2012 y 10.6% en 2013.

Además, esencialmente ha correspondido a créditos sobre nómina, ya que el crédito vía tarjetas se mantuvo estancado, al registrar una variación de -0.1%, la más baja desde mediados de 2011. En ese comportamiento previsiblemente incidió la mayor fiscalización que anunció el Servicio de Administración Tributaria vinculada con las tarjetas de crédito a principios de 2014 y que redujo el ritmo de gastos personales por ese medio.

El crédito para el consumo de bienes durables cayó 2.8% en agosto y acumuló una contracción de 1.8% en los primeros ocho meses del año.
Más allá de percepciones, este tipo de crédito constituye un dato duro acerca de la falta de confianza de los consumidores respecto a la situación futura de la economía y tiene repercusiones en el dinamismo de la producción manufacturera que se destina al mercado interno.
Respecto al crédito a las empresas, durante el año se ha registrado una recomposición: se sustituyó crédito de la banca comercial por crédito externo, emisiones de deuda y otras fuentes para las empresas más grandes, como resultado de la elevada liquidez y tasas de interés históricamente bajas que han prevalecido en los mercados internacionales.

Frente a esta coyuntura, las grandes corporaciones mexicanas se han financiado en mayor medida en el exterior y en los mercados de deuda, a costa del sistema bancario nacional. Mientras que el crédito externo ha aumentado a tasas mayores a 20% en los últimos tres trimestres, el interno creció sólo 1.0% en el mismo periodo. En contraste, el financiamiento interno para las micro y pequeñas empresas –sobre todo las de servicios-- sí ha registrado una expansión importante: 24% y 9% en enero-agosto, respectivamente, pero para el segmento de las medianas se redujo 0.6% en ese lapso.

En buena medida, ello se explica por el comportamiento de las tasas de interés por tamaño de empresa. El diferencial de tasas se ha reducido para las micro y pequeñas en relación con las grandes, en tanto que respecto a las medianas ha registrado una ligera tendencia a la alza, lo que refleja una mayor competencia por el mercado de las micro empresas y la estrategia de los bancos para atender ese nicho en comparación con las empresas medianas, sobre todo en el marco de las garantías otorgadas por el Gobierno Federal para impulsar los microcréditos.

Lo anterior se ha traducido en una recomposición de la cartera de crédito bancario por tamaño de empresa. Mientras que en 2010 más de 75% del crédito empresarial se destinó a las grandes, en enero-agosto de 2014 ese porcentaje disminuyó a 67.7%. Para el caso de las micro y pequeñas, éstas representaron 7.5% y 10% del crédito del total, respectivamente, y en 2014 aumentaron su participación a 11.5% y 14.3%. Las empresas medianas redujeron su participación en el crédito empresarial total, al pasar de 7.4% a 6.4%.

Sin duda, buenas noticias para las micro y pequeñas empresas, que son las mayores generadoras de empleo (70% del total), pero preocupante en el caso de las medianas.

Además, los bancos nacionales siguen perdiendo el mercado de crédito de las grandes empresas y el crédito al consumidor no repunta. Queda claro que el sistema bancario todavía tiene mucho que hacer para constituir un factor que contribuya al crecimiento de la economía y que el crédito se convierta un verdadero aceite para esa maquinaria. Los frutos de la reforma financiera todavía están por verse, a pesar de que a los bancos ya se les pusieron las condiciones para que sean un verdadero detonador del desarrollo.