Opinión

Credibilidad y confianza

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Grecia

“La moneda más importante se ha perdido y esa es la confianza”: Angela Merkel

Leemos, estudiamos y analizamos la situación griega y nos llenamos de datos, cifras y plazos. Cuando Angela Merkel pronuncia esta frase, podemos ver otra arista del problema: la credibilidad y la confianza.

Grecia ha estado en problemas financieros desde hace siglos. Podemos rastrear incumplimientos hasta 200 años atrás. Hay quien dice, incluso, que Grecia ha estado endeudada la mitad del tiempo de su existencia como un estado independiente. El primer incumplimiento en la historia reciente se dio cuando no pudieron pagarle a Europa los préstamos que se le habían hecho en su guerra de independencia.

Con el tiempo, Grecia vivió muchos vaivenes políticos y económicos. Hacia finales de la década de 1870, Grecia pagó su deuda soberana y pudo acceder a los mercados financieros internacionales de nuevo, para volver a incumplir en 1893. Las cosas medianamente se estabilizaron y el siguiente incumplimiento se dio en 1932 en el marco de la Gran Depresión. En junio de este año se dio el siguiente y mayor incumplimiento.

Las circunstancias han sido distintas en cada momento, pero probablemente haya un patrón. Grecia siempre ha tenido problemas recaudatorios, lo que dificulta más el pago de sus obligaciones. La evasión es enorme, se estima que cada año se dejan de recaudar 30 mil millones de euros. No existe un registro de la propiedad por lo que cobrar impuestos prediales es prácticamente imposible.

Alexis Tsipras ha jugado con la credibilidad de sus propuestas y la confianza de sus electores. Al elegirlo como primer ministro, se le creyó que efectivamente podría hacer manejos financieros para evitar el pago de intereses y de deuda y terminar con las medidas de austeridad que habían tenido a la economía griega ahorcada por muchos años. Al poco tiempo, se vio que estas propuestas no eran sostenibles. Al empezar las negociaciones con los acreedores, Tsipras entró en un juego poco serio al no ceder en nada. Negociar implica ceder. Ceder para ganar frente al estado previo a la negociación. Al sentarse a negociar, sin acceder a ninguna solicitud de tu acreedor y sólo hacer peticiones, pierdes credibilidad. Además, pones a tu contraparte en una posición en la que tampoco querrá ceder.

Esa fue la postura del gobierno griego. Mientras perdía credibilidad frente a sus acreedores, recurrió a la confianza de sus votantes llamándolos a un referéndum apresurado y con una pregunta engañosa. Les dijo que los mantendría en el euro, salvando su dignidad y su independencia. Y se la otorgaron.

Días después, el gobierno griego se ha visto en la necesidad de ceder en mucho más de lo que habría podido ceder inicialmente, sus necesidades financieras se han incrementando y finalmente se evapora la confianza de los griegos. Los acreedores europeos, al negociar con alguien que ya perdió toda credibilidad, exigen condiciones rígidas y expeditas. Para poder tener acceso a los recursos financieros que se le proveerían, Grecia tendría que aprobar leyes en 48 horas. No tiene que prometer que lo hará, lo tiene que hacer. Bajo este discurso de soberanía e independencia, tendrá que aceptar la supervisión continua y constante de sus acreedores, y hacer básicamente lo que le piden, como poner activos en un fondo supervisado por los acreedores, para venderlos y poder destinar recursos al pago de deuda y a inversión productiva. Grecia está viviendo en carne propia que prometer sí empobrece.

¿En qué cedieron los acreedores? Básicamente en nada. Tampoco ganaron. Pusieron en evidencia las debilidades de una zona formada por economías dispares, la falta de reglas de salida, la poca cohesión de sus miembros, ilustrada por las diferencias entre Francia y Alemania, por ejemplo.

La confianza y la credibilidad son necesarias para llevar a cabo una negociación en las que ambas partes, al ceder, puedan ganar. Al perderse, se llega a una situación en la que todos pierden. Esto no sólo aplica a la crisis griega, aplica en cualquier ámbito. Y en México, nos sobran ejemplos.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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