Opinión

Credibilidad por los suelos

 
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CNTE

La credibilidad del gobierno (federal pero también de múltiples estados y municipios) no sólo está por los suelos, sino que en cada decisión, anuncio y/o declaración se profundiza su deterioro; en las últimas semanas éste ha sido creciente en lo político y en lo económico. En la presentación de Sistema Nacional Anticorrupción nadie creyó en las disculpas del presidente Peña Nieto por el escándalo de la 'casa blanca', más bien aumentaron la indignación social, pero sí quitaron la atención del contenido de dicho sistema y de sus beneficios potenciales, de los que la ciudadanía tiene muy poca información y un elevado nivel de escepticismo, casi al grado del que existe sobre las sanciones por los escándalos de corrupción de varios gobernadores.

En las negociaciones con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) el gobierno ha pasado de que “no habría ningún tipo de negociación” a que sólo se “negociaría si se levantaban los bloqueos”, lo que se prometió hace años, y “sin tocar la reforma educativa” a aparentemente empezar a otorgar concesiones que sí afectan la reforma. Los bloqueos continúan con severas afectaciones a la actividad económica y la paciencia social y, por primera vez en muchos años, generaron una confrontación entre el gobierno y el sector privado. La semana pasada la CNTE informó que había logrado múltiples concesiones, lo que fue desmentido días después, y esta semana anunció que en acuerdo con la Segob se liberaría a los líderes detenidos, se reinstalaría a maestros cesados y se pagarían salarios retenidos a maestros 'comisionados'; de ser cierto, estos dos últimos aspectos estarían en clara contravención a la reforma.

En el ámbito económico la credibilidad gubernamental no está mejor. El affaire Inegi-Coneval, que debió haberse mantenido a nivel de discusión técnica, activó a los críticos de las instituciones sin fundamentos, desconocimiento del tema o franca 'mala leche'. A ello se sumó que, a partir del primero de agosto, la SHCP autorizó incrementos sustanciales de la energía eléctrica (de entre 5.0 y 10 por cirnto con excepción de la de bajo consumo doméstico) y de las gasolinas de 4.2 por ciento en la Magna y de 3.1 por ciento en la Premium. Si bien la justificación (aumento del precio del petróleo) y magnitud de los ajustes estaban previstos en la Ley de Ingresos para este año, otra vez el problema fue la forma. Cuando se redujeron los precios de esos energéticos en 2014-2015 los genios de la comunicación social gubernamental lo atribuyeron a la reforma energética (y no a la reducción de precios en el mercado internacional), lo que era falso; hoy, cuando se revierte el argumento, salen los funcionarios de Hacienda a afirmar que el incremento “no se debe a una decisión administrativa sino a un mandato del Congreso”.

Ello es un insulto a la inteligencia y al hígado de la población. El efecto es claro: impacto inflacionario (de una sola vez, pero que se sumará al de la devaluación), merma del ingreso de la población, contracción del consumo y menor crecimiento de la economía; no obstante, la SHCP ratificó su estimación de crecimiento del PIB para 2016 (2.2-3.2 por ciento) que ya no le cree nadie. Los indicadores coincidente y adelantado que se dieron a conocer esta semana ratifican la desaceleración, al disminuirlos 0.02 y 0.03 por ciento en relación con el mes anterior, respectivamente.

En ese contexto, no sorprende el deterioro de las expectativas empresariales, en las que se redujeron todos los indicadores (situación económica de las empresas y del país y momento para invertir) en todos los sectores (manufacturas, construcción y comercio), con la única excepción de la percepción de la situación futura del país en el sector comercio. En el mismo sentido, la encuesta de Banxico a especialistas presenta un deterioro gradual, pero generalizado de la situación económica con respecto a meses anteriores.

Mientras tanto, los funcionarios, incluido el presidente, viajan para convencer a otros países de aspectos de los que no son capaces de convencer a los mexicanos.

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