Opinión

Crecimiento, expectativas y sindicatos

Muchos temas para este viernes. Van algunos comentarios puntuales para elaborar con más detalle en próximas ocasiones.

1.- Con el dato del IGAE que el Inegi dio a conocer ayer, el promedio de crecimiento en el segundo trimestre de este año hasta ahora es de 0.95 por ciento. Hay que recordar que en el primer trimestre el crecimiento fue de 1.84 por ciento. Esto apunta a que los datos del segundo trimestre van a ser más débiles que los del primero y a que en los primeros seis meses del año tendremos una tasa de crecimiento del PIB de alrededor de 1.4 por ciento, que está por debajo de casi todos los pronósticos que se habían hecho al arrancar el año.

2.-
Ayer, el FMI se sumó a otras instituciones que han ajustado a la baja su expectativa de crecimiento para México. Mantenía aún el 3.0 por ciento que ya casi nadie sostenía y bajó su pronóstico del año a 2.4 por ciento. Si éste se hiciera efectivo, tendríamos un segundo semestre en el que el ritmo de crecimiento del PIB promediaría 3.4 por ciento.

Cuando se vean con detalle las nuevas cifras, se confirmará que es difícil lograr ese ritmo. Quizá se pueda alcanzar en el último trimestre pero se ve difícil en todo el semestre, así que no debe descartarse en las próximas semanas o meses una nueva ola de ajustes a la baja, para converger en un nivel de poco más de 2.0 por ciento.

3.- No fue México el único país con un ajuste a la baja en su expectativa de crecimiento; el caso más notorio fue el de Estados Unidos. Se preveía hasta abril pasado una tasa de 2.8 por ciento de crecimiento para este año y ahora se ajustó a 1.7 por ciento, que será inferior al 1.9 por ciento del año pasado. En las economías avanzadas hay una reducción generalizada de la expectativa con sólo dos excepciones: Japón y Reino Unido, que han tenido un desempeño de sus economías mejor de lo previsto.

4.- Un tema que sacó chispas en estos últimos días es el asunto de la asunción de los pasivos laborales de Pemex y CFE, para convertirlos en deuda pública. El argumento de quienes lo proponen es que hay que limpiar las finanzas de las dos empresas antes de ponerlas a competir. De acuerdo, ¿pero por qué esa limpieza debe ser a costa de los contribuyentes y no del propio personal de las ahora “empresas productivas del Estado”? Los pasivos laborales de ambas empresas impactan el balance pero no directamente los resultados financieros de las empresas. Lo que pesa más en los resultados son los términos de los contratos colectivos que generan sobrecostos respecto a los que otras empresas del sector tienen. Dicen algunos legisladores que no quieren que las empresas del Estado compitan con un brazo atado a la espalda. Pues muy sencillo: hay que cambiar los contratos colectivos para estandarizarlos a la industria en el mundo. Hoy, el costo anual por empleado activo o jubilado es de 370 mil pesos anuales, es decir, un costo de 30 mil 800 pesos al mes en promedio.

Si se revisa el contrato, entonces se puede empezar a hablar de reestructurar pasivos laborales.

Sólo así, si no ni hablar.

Twitter: @E_Q_