Opinión

Crecimiento 2016

 
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MANUFACTURA

• En 2016, las políticas fiscal y monetaria contribuirán a profundizar la desaceleración económica

• En términos fiscales, el gobierno ha anunciado un recorte adicional del gasto público

• En términos monetarios, el Banco Central se prepara para aumentar las tasas de interés internas

• Las exportaciones son la única variable que podría favorecer la recuperación, aunque con ciertas limitantes.

La economía mexicana resentirá en 2016 los efectos de la aplicación de una política económica pro cíclica (profundiza la desaceleración en épocas de debilidad económica), tanto en el orden fiscal como en el orden monetario, por lo que su ritmo de expansión bajará más de lo que hubiera sucedido en otras circunstancias.

Después de haber registrado tasas de crecimiento promedio anual ligeramente superiores a 4.0 por ciento durante 2012, México inició en 2013 un proceso de desaceleración que la llevó a registrar crecimientos apenas superiores a 1.0 por ciento durante la primera mitad de 2104. Si bien a partir de allí inició un proceso de leve recuperación, ésta no alcanzó a superar 2.4 por ciento durante lo que va del presente año. Es más, algunas cifras oportunas muestran que a partir de julio la economía inició el proceso de desaceleración que probablemente la lleve a registrar tasas de crecimiento económico inferiores a 2.0 por ciento anual durante el segundo semestre (1.8 por ciento, según nuestras estimaciones).

Si esto fuera así, para empezar, la perspectiva de crecimiento en 2016 contaría con un reducido efecto inercial o de arrastre derivado del bajo crecimiento durante el segundo de 2015, mismo que constituirá la base para la aplicación de la política económica en 2016.

Como se sabe, la Fed estadounidense se está preparando para empezar a incrementar su tasa de interés y, de acuerdo al último discurso de la presidenta de la Fed, Janet Yellen, esto debería suceder antes de que finalice el presente año. Es de esperar que este simple hecho desacomode las principales variables económicas y financieras mexicanas al hacer más atractiva la inversión en Estados Unidos: los inversionistas en México empezarán a vender parte de sus activos (acciones y bonos) para comprar dólares e invertirlos en ese país. Esto provocará el incremento de las tasas de interés internas, el ajuste del mercado de valores y la depreciación del tipo de cambio.

Como es de suponer, este proceso tomará tiempo y finalizará cuando se reequilibren las variables internas con las externas; cuando los inversionistas consideren que los movimientos en los precios de los activos ha sido suficiente como para tornar atractiva nuevamente la inversión en México. No obstante, existe el riesgo de que puedan presentarse algunos escenarios de mucha presión (estrés) sobre algunos agentes o algunas variables financieras durante este proceso, mismas que podrían descarrilar la búsqueda de nuevos equilibrios.

Para evitar que eso suceda, el Banco de México ha enviado suficientes señales de que antes de esperar que los mercados encuentren sus nuevos niveles de equilibrio, él los va a buscar o provocar y actuar en consecuencia. En tal sentido, ha señalado que cuando la Fed aumente su tasa de interés de política, él también lo va a hacer, incrementando la tasa de interés de referencia. Con este objeto, precisamente, modificó hace algunas semanas el calendario de reuniones de la Junta de Gobierno para lo que resta del presente año y las empató prácticamente con las de la Fed.

En tal sentido, es probable que en varias ocasiones durante 2016 se observe que al incremento de las tasas de interés por parte de la Fed estadounidense le suceda una acción en el mismo sentido por parte del Banco de México.

Como es de esperar, el aumento de las tasas de interés internas encarecerá el crédito y afectará el gasto interno tanto de consumidores como de las empresas. Ésto, y la perspectiva de que dicho fenómeno vaya repitiéndose en varias ocasiones en el futuro, provocarán que la economía se desacelere poco a poco.

En adición a lo anterior, hay que agregar el efecto esperado del recorte del gasto público que ha anunciado la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para 2016, mismo que reducirá aún más la demanda agregada y por consiguiente profundizará la desaceleración de la economía.

Vale decir que en 2016 la economía mexicana resentirá un impacto fiscal tras el golpe monetario que implicará el aumento de las tasas de interés, mismos que afectarán fuertemente su desempeño.

Solo falta una variable más por analizar: las exportaciones. Dado el fuerte crecimiento económico estadounidense en el segundo trimestre de este año (3.9 por ciento) y dada la depreciación del tipo de cambio, uno esperaría que las exportaciones crezcan de manera significativa de modo que se conviertan en la única variable de la demanda agregada que apuntaría en sentido de favorecer una mayor crecimiento económico en 2016.

Sin embargo, hay algunos elementos de preocupación a este respecto. Uno, el crecimiento económico estadounidense ha ido acompañada de una desaceleración de su sector manufacturero, del cual dependen fuertemente nuestras exportaciones; dos, la ganancia de competitividad mexicana a consecuencia de la depreciación del peso es relativa en vista de que nuestros competidores en el mercado estadounidense también han depreciado sus monedas, con la excepción de China, quien al parecer no tardará mucho en hacerlo; tres, sin lugar a dudas, es muy mala noticia el problema que enfrenta Volkswagen con sus sistemas anticontaminación porque de una u otra forma va a alentar la producción automotriz nacional (y mundial) y con ello las exportaciones de autos, justamente la variable más dinámica dentro de las exportaciones mexicanas.

Y ¿las reformas? Dadas sus características, es de esperar que sus efectos económicos se manifiesten poco a poco y en el mediano y largo plazos.

En función de estos elementos, es difícil pensar que en 2016 la economía mexicana pueda crecer más de lo que lo haga este año. Creemos que apenas logrará un 1.8 por ciento anual.

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