Opinión

Crecer y distribuir, al mismo tiempo

En la economía y política mexicana, a veces se dan falsos debates. Uno de los que se ha presentado en el pasado en varias ocasiones y pareciera estarse presentando hoy de nueva cuenta es el de si primero se debe crecer y luego distribuir o al revés.

En el pronunciamiento que ayer hicieron los sectores productivos y el gobierno (a través de la Secretaría del Trabajo) subyace la visión de que primero hay que crecer y luego distribuir.

En los planteamientos que ha hecho Miguel Ángel Mancera, el énfasis está puesto en la distribución sin obviar el crecimiento.

Quienes piensan que se trata de un debate local pierden de vista lo que ha representado el caso del texto de Thomas Pikkety, cuyo texto, “El Capital en el Siglo XXI”, se ha convertido en un asunto de debate mundial, y que por cierto pronto será publicado en México por el Fondo de Cultura Económica.

El tema de fondo en el libro es la pérdida relativa que han padecido los trabajadores en la participación de los ingresos, en una perspectiva de largo plazo, lo que no es un fenómeno sólo mexicano.

El pronunciamiento que ayer hicieron los sectores es positivo en cuanto a saludar “una discusión pública, seria y responsable sobre un incremento a los ingresos de los trabajadores y en particular del salario mínimo”.

Sin embargo, pretender que esta discusión se realice en el marco de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, como implican, es prácticamente una manera indirecta de decir que no se quiere una discusión pública y seria. No nos hagamos.

Entre algunos funcionarios públicos y líderes empresariales hay pánico a hablar de incremento a los salarios mínimos. Cuando el tema surge casi podría pensarse en un pequeño ratoncito que aparece en una reunión de las “señoras de sociedad”, que brincan despavoridas.

Está en los rudimentos de la economía –por lo menos cuando se estudia en serio– que existe una correlación estrecha entre el estilo de crecimiento y el efecto distributivo.

Vaya, la Secretaría de Hacienda, al proponer la reforma fiscal que se instrumenta desde este año, puso sobre la mesa su efecto positivo en la distribución del ingreso.

Desde luego que creo que nadie puede estar en desacuerdo con el principio de que un crecimiento sostenido y generalizado de los niveles de vida de la población debe basarse en un incremento de la productividad de la economía.

Pero ese hecho no está reñido con la discusión de cómo lograr incrementar los ingresos de los segmentos de la población más pobre del país, por lo menos de la que es asalariada y gana el mínimo.

Hay todavía mucho que discutir, además de la desindexación, que ya es admitida prácticamente por todos.

Por ejemplo, hay que definir cómo quitar al incremento del mínimo su función como referencia para incrementar los salarios contractuales.

Tal vez el mínimo incrementado podría definirse de otra manera y no como salario mínimo.

Hay muchos asuntos que discutir, pero eso no se va a lograr refundiendo ese debate en la Comisión de los Salarios Mínimos.

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