Opinión

Crece la tensión

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El peso mantiene una caída constante. (Especial)

En México estamos muy preocupados porque el dólar ya superó 17 pesos, y poco atendemos otros indicadores. Algunos habrán notado que el petróleo mexicano ya se vende por debajo de 40 dólares el barril, y tal vez incluso que la bolsa ha tenido severas caídas en los últimos días.

Pero este fenómeno no es nuestro. Así como el peso ha perdido 25 por ciento de su valor en el último año, así el yen, el euro, el dólar canadiense o el australiano han perdido más de 20 por ciento. Entre las monedas latinoamericanas, tiene suerte el que ha perdido menos de 30 por ciento.

Así como el petróleo ha caído, igual lo han hecho casi todos los bienes primarios, e incluso los metales. El oro no está en su peor momento, pero no se ha alejado mucho del mínimo de mil dólares la onza. El cobre sí está en su peor precio en muchos años y lo mismo ocurre con el hierro y el acero.

Y si la bolsa mexicana cae, no lo hace sola: la semana pasada el Dow Jones Industrial perdió 6.0 por ciento, casi todo de miércoles a viernes, y el S&P 500 tuvo un comportamiento similar. El Nasdaq Compuesto cayó 7.5 por ciento en esos mismos días. En Asia, el Nikkei bajó poco más de 5.0 por ciento y la bolsa de Shanghái cerró el viernes pasado en tres mil mil 500 unidades, el punto mínimo que hace unas semanas provocó una reacción muy fuerte del gobierno chino para impedir mayores caídas. Inyectaron dinero, obligaron a recompra de acciones, prohibieron ventas, y en menos de dos meses, regresaron a ese nivel.

Al ver cómo caen las monedas del mundo, los bienes primarios y las bolsas de valores, deberíamos entender mejor lo que ocurre con nuestro peso, nuestro petróleo y nuestra bolsa, pero no parece que sea así. Como si el resto del mundo no existiese, se nos ocurre que nuestro gobierno puede imponer el valor del peso o del petróleo, y hacer que la bolsa suba. Tal vez sea una especie de remanente histórico, de esos tiempos en los que en México todo ocurría por voluntad presidencial, por lo que creemos ese tipo de barbaridades. Después de 35 años de que la economía no responde a la voluntad presidencial, y de casi 20 de que dicha voluntad no tiene impacto en absolutamente nada, ya deberíamos haber aprendido. Pero no.

Lo que estamos viendo es un fenómeno global, como ya lo hemos dicho desde hace semanas. Nada de eso está en manos de México, ni de su gobierno, ni mucho menos de su presidente. Nada. Más interesante aún, parece que buena parte de este fenómeno no está en manos de nadie. Aunque creíamos que la decisión de la Fed de subir tasas podría cambiar las cosas, conforme pasa el tiempo parece que no se trata de eso. Hace un par de semanas especulábamos que podría tratarse de un ciclo largo de caída de precios de bienes básicos lo que está detrás de lo que vemos. Todavía no estamos ciertos de que así sea, pero indudablemente se trata de un proceso en buena medida autónomo.

En cualquier caso, entramos en los meses más complicados del año para los mercados financieros. Entre septiembre y octubre las cosas suelen ponerse interesantes. Así que si con lo de agosto usted ya se puso nervioso, no va a aguantar el clásico de octubre. Tenga paciencia, que lo mejor está por venir.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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